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Juan David Ramírez Correa
Columnista

Juan David Ramírez Correa

Publicado el 07 de mayo de 2019

Venezuela: el vaso medio lleno

Venezuela vivió la semana pasada un alzamiento militar en favor de la oposición, que no llegó a buen fin.

La situación dejó ver un vaso medio vacío y medio lleno. Algunos dirán que todo terminó en frustración y desilusión. Maduro... aferrado al poder, la misma historia de tiempo atrás. Con sus perros rabiosos desvirtuó a los militares insurrectos y los calificó de traidores. Cobró por ventanilla los errores de cálculo de la oposición, dejando en el ambiente el tufillo de fracaso de la oposición, cosa que ha hecho a muchos pensar que Juan Guaidó, presidente interino de Venezuela, es una figura efímera que se desdibuja con el paso de los días.

Ese es el vaso medio vacío, pero yo prefiero ver el medio lleno y entender desde otra lógica lo que pasó. Así haya sido una escaramuza, quedó claro que el régimen de Maduro ya no es robusto, porque lo único robusto allá es él, pero por sobrepeso y obesidad. Fue un paso más en un proceso sin retorno. Como dicen las tías cuando se rasga una media velada, “esto empezó a irse”, y no para hasta llegar al final. Se creó una fisura muy grande, que tiene un valor altamente relevante.

Por ejemplo, la liberación de Leopoldo López tuvo una carga simbólica de talla mayor y Juan Guaidó ratificó su talente de líder capaz de jugar con osadía sin dar su brazo a torcer. También develó que los militares pueden romper las filas de esa doctrina maniquea llamada revolución bolivariana. De hecho, Leopoldo López reveló que han tenido conversaciones con militares y con el entorno cercano a Maduro, quienes verían con buenos ojos una transición pacífica hacia la democracia, cosa que deja muy mal parado al chavismo. Incluso, está la posibilidad de una jugada de enroque entre los Estados Unidos y Rusia, que “sin querer queriendo” haga que Putin le quite el apoyo a Venezuela.

Sumemos otro asunto: Lo que pasó no hubiera sido posible sin la fuerte presión externa que aprieta y no suelta. El peso que de las decisiones diplomáticas internacionales y el cerco financiero no es en vano. El apagón reveló la obsolescencia que tiene la infraestructura pública y llegará un punto en el que las personas no soporten vivir en semejante arcaísmo. La escasez y el desespero de la gente tiran la balanza en favor de un pueblo que camina al límite.

Muchos están ansiosos hasta el cogollo de ver cómo termina esto. Paciencia, porque el rollo es complejo. La aparición de Guaidó en enero avizoró los últimos kilómetros, sin prever que serían como un puerto fuera de categoría. Un régimen tozudo y surreal no cae de la noche a la mañana. Sin embargo, el agua sube y tiene ganas de ahogar al dictador. Sencillamente, hay que confiar en lo que ha hecho la oposición. Eso es lo que tiene el vaso medio lleno.

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