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Óscar Domínguez Giraldo
Columnista

Óscar Domínguez Giraldo

Publicado el 01 de diciembre de 2022

Vidas para lelos: Pacho y Nora

Primero se casaron y después se enamoraron. Así fue el romance entre mi tío Pacho Domínguez Calle, santabarbareño, con Norita Zapata, de Caicedonia, Valle.

A los 91 años, Pacho nos dijo adiós. Fue uno de los 13 tíos paternos que tuvimos. Los tíos, historiadores de la familia, ayudan a crecer, regalan el pescado y enseñan a pescar. Son como abuelos suplentes. Felizmente nos acompaña Gabriela, de prodigiosa memoria y un hacha para escribir. Como Pacho, un diestro hombre de negocios.

El hacedor de estrellas tiene mayoritarias acciones en ese romance. Llamó a Pacho al sacerdocio, pero no lo escogió. Se valió de una piedrita en el zapato llamada castidad. Los votos de pobreza y obediencia son pan comido...

El sueño de las familias era tener un cura en casa. A mi hermano y a mí, seminaristas agustinos, también nos derrotó la castidad. Por eso he propuesto que tanto el celibato como la reencarnación sean opcionales. El papa Francisco calla.

Como san Agustín, el Mono, como le decíamos, nació un 28 de agosto. Es lícito pensar que como el obispo de Hipona en sus Confesiones, rezaba así: “Señor, hazme casto, pero no todavía”. Fue casto hasta que conoció a Norita quien lo recuerda desde su olvido.

También tuvo acciones en el romance el padre Alfonso Uribe Jaramillo quien lo acogió en el seminario de Medellín. Pero en alguna salida al “mundo”, el tío recibió un besito a distancia de una feligresa y ahí fue Troya. Esto no es lo mío, le dijo al futuro obispo de Sonsón-Rionegro quien avaló la deserción.

Cualquier día, con 30 pesos en el bolsillo, fue a visitar a sus primos Ramírez en Caicedonia, el padre Manuel y Ramón, quien sería su suegro.

Cupido hizo lo suyo. Pacho y Nora quedaron flechados y empezaron una correspondencia cifrada. Acordaron que tal número o signo equivalía a una letra. Un ejemplo: en vez de decir: “Te idolatro, mi cuchicuchi caicedoniana”, su romeo le escribía: ¡764 83¿9 & &5 w22i9.

Sin ser novios, vino la propuesta matrimonial. Su primo, el padre Manuel, los convenció de que se casaran la víspera. El insólito casorio tomó tan de sorpresa a los suegros que se oponían a dejarlos dormir juntos. Finalmente, Pacho hizo valer sus derechos y la pareja inauguró una culecada de cinco hijos.

Hacia el final de sus días, a mi tío Pacho, como a Borges, le llegó la noche a sus ojos. Lector empedernido, convirtió a sus tres hijas y a una nieta en Kodamas que le leían. Sobre todo Luz Marina, quien fue decana de mercadeo y negocios internacionales en la Universidad de las Américas, y profesora de pre y posgrado en Escolme. Le leía en modo radionovela.

Lacónicamente, dio la noticia de la muerte de su taita: “está en paz; se fue cuando ya estaba listo”.

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