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Luis Bernardo Vélez M.
Columnista

Luis Bernardo Vélez M.

Publicado el 19 de noviembre de 2022

Violencia
intrafamiliar desbordada

En lo que va corrido de este año, en las Comisarías de Familia de Medellín, han denunciado situaciones de violencia intrafamiliar, 7.968 personas, la mayoría de estas denuncias han sido con niños, niñas y adolescentes. Se calcula que el 40 % de las denuncias corresponden a población migrante.

Sin duda la pandemia y sus consecuencias: confinamiento, pobreza, hambre, consumo de drogas, alcohol, desescolarización y problemas de salud mental, aumentaron los niveles de violencia al interior de la familia, siendo la niñez y las mujeres, la población más afectada.

Con preocupación expresan los funcionarios que no alcanzan a atender a la cantidad de personas que van en busca de ayuda. La demanda de atención más alta es sobre violencia física, psicológica y falta de atención para niños y niñas.

Los funcionarios de las Comisarías de Familia de Medellín, cansados de no ser escuchados, hicieron un plantón en la sede de la alcaldía. “Quintero hizo de las Comisarías de Familia, un caos”. Ellos reclaman mejoras en la infraestructura y dotación, así como un aumento de presupuesto que mejore las condiciones de contratación de los profesionales que se necesitan para alcanzar a cubrir la demanda de la ciudadanía que necesita que se garantice el restablecimiento de sus derechos.

¿Qué responde el Estado ante la denuncia de una madre porque su hijo adolescente, consumidor de drogas, acosa sexualmente a su hermanita de 10 años? ¿Que espere, que no hay plata, que a los profesionales que había para atenderla se les canceló el contrato?

¿Qué tiene que esperar una niña de 10 años acosada sexualmente por su hermano consumidor de drogas? ¿Que la mamá se salga del trabajo para cuidarla 24/7? ¿De qué viven entonces, si es madre cabeza de familia?. Muy seguramente el adolescente también es víctima de este remedo de ciudad en la que nos estamos convirtiendo y la niña no tiene por qué asumir esas consecuencias. A ella se le detuvo la infancia de una forma que nunca debería haber pasado y se le vuelve a detener cuando llega en busca de ayuda y no la encuentra. Así siguen alargándose los eslabones de la cadena condenándola al horror, al dolor, al miedo, al silencio, a la rabia y al abandono.

¿Cuándo irán a entender los gobernantes que son los niños y las niñas los que están, en tiempo presente, no en futuro, configurando la cultura de una región, que son ellos y ellas los que van erigiendo los valores: el respeto, la solidaridad, la tolerancia, la participación, la vida con garantía plena de derechos necesaria para preservar cualquier democracia? Por ello instituciones como el Icbf tienen hoy una tarea fundamental: deben enriquecer prácticas y formación para construir a la par con otras instituciones el escenario familiar y social para los niños y niñas de una ciudad tan golpeada como la nuestra, pero que aún no está perdida. Esta niña es ciudad.

“Los monstruos se ocultan en el lóbrego vientre del silencio doméstico”Rosa Montero

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