Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida, dice la Canción de las simples cosas. Esta semana estuve en Tutucán, Comfama. Allí nací como artista, allí creí descubrir que la misión de mi vida era hacer feliz a los demás con mi trabajo. Estaba equivocado. No es hacer feliz a los demás: mi trabajo es la felicidad que me dan los otros. Parece tonto, a mi me basta.
Le dije a una señora: «Después de recorrer el mundo presentándome en teatros siempre trato de volver aquí». «Nunca te has ido», respondió. Tiene razón, García Márquez y Vallejo vivieron en México, pero nunca se fueron de Colombia. Después de todo lo andado, volver a habitar los espacios donde se fue feliz, además de un golpe de nostalgia, es un tramacazo de realidad y de conciencia del pasar de los años. Un polo a tierra.
Volver al génesis es una recarga de energía que ayuda a ver un nuevo norte, afinar tuercas y retomar el rumbo. A veces cuando no sé qué hacer, ni para dónde ir, regreso a sentir mi poética del espacio como si fuera un Gastón Bachelard. Trato de sentir su olor, su aire, su esencia esperando iluminación. Esos lugares donde antes soñábamos lo que tenemos o lo que seguimos buscando. El origen da claridad y confronta. Es como una especie de evaluación: lo soñé, ¿lo logré? ¿Qué me pasó? Las personas en esos espacios a veces te recuerdan quién fuiste y qué eres hoy.
Hace dos semanas estuve en Santa Cruz, la rosa, el barrio donde crecí. Era el cumpleaños de un amigo y lo celebrábamos un lunes. Un lunes de rumba en un billar, cantando y bailando porros y salsa. El ambiente era como de 24 de diciembre un 30 de enero. Le mostraba a mi novia mis recuerdos: «En esa casa vivía tal», «Allí jugábamos fútbol», «Acá mataron a fulano»... Sí, porque en el barrio se sufre, pero se goza. Entonces pensé: le debo al barrio gran parte de lo que soy. Me dio esa chispa para responder con humor a la vida. Allí me siento cómodo. Me gustan esos lugares donde me llaman por mi nombre, donde fui antes de ser.
Recibir el amor de la gente en Tutucán y visitar a mis amigos del barrio, me da fuerzas. Hice una lista de los lugares donde amé la vida y voy cada que puedo. Me faltan muchos. A veces pensamos en conocer lugares nuevos y olvidamos beber de las aguas renovadas de los ya conocidos.
Tal vez estés pensando a qué lugar regresar, a qué familiar visitar, a qué persona llamar, ¿cuál fue el lugar donde amaste la vida? Si estás en él ahora, maravilloso. En mi caso, creo que mirar hacia atrás sirve para construir el adelante, porque quien sabe de dónde viene, entiende para dónde va. No es solo la nostalgia, es la gratitud que da el recuerdo de lo que algún día soñamos