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100 años de aventuras diarias

En EL COLOMBIANO cientos de personas han construido una de las empresas más queridas y sólidas del país.

04 de febrero de 2012
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Con la actitud de quien saca los recipientes de la basura al andén antes de que pase el carro recolector, sin miedo aunque, eso sí, más rápido, Gabriel Trespalacios , vigilante nocturno de EL COLOMBIANO, sacó a la calle dos paquetes explosivos, humeantes y listos para estallar.

"¡Bombas! ¡Bombas! ¡Piérdanse que van a explotar!" Fueron sus gritos repetidos a los transeúntes de Juanambú, quienes, en su mayor parte, pretendían abordar colectivos para volver a sus casas y, luego, tras ingresar de nuevo corriendo al edificio del diario, a periodistas, correctores, diagramadores, impresores que a esa hora, 10:26 de la noche, atendían el cierre de la edición del 10 de marzo de 1988. Estos se apresuraron a refugiarse cerca a la puerta trasera, por donde entraban tintas y papeles, que daba a la calle Perú.

"Quise sacar los dos paquetes a la vez, pero eran pesados y me vi obligado a sacarlos de a uno". A sus 82 años, Trespalacios recuerda el hecho con claridad. Con ese acto heroico lo parió la suerte: pasó de villano a héroe; de tener cierta resistencia entre sus compañeros a ser un hombre querido y popular. Tal resistencia se debía a que, como expolicía, era inflexible en no permitir la entrada de ninguno de los empleados con tragos en la cabeza. Por su hazaña recibió un estímulo económico por parte de la empresa y un brindis en el que exaltaron su acción.

Es preciso anotar que ese atentado dejó un muerto. Un borracho que no entendió los gestos y gritos de alerta del vigilante. Al día siguiente, Pablo Arbeláez, redactor deportivo, encontró un dedo en una ventana del edificio.

Fue una de las noches aciagas de este periódico que, por cierto, fue el primero entre los medios del país en haber sido atacado con bombas en esa época dura de la violencia causada por el Cartel de Medellín. Sigue viva en la memoria de muchos integrantes de la familia de EL COLOMBIANO, incluidos, obviamente, sus lectores y los ciudadanos en general.

Es que de drama y alegría, como está hecha la vida intensa del país, ha sido también la existencia palpitante de este periódico fundado por Francisco de Paula Pérez, en 1912.

Pacho Pérez, como solían llamarle, un menor de edad con tanta pasión por el periodismo que pidió permiso a la Gobernación de entonces, la de Pedro Justo Berrío, para crear empresa faltándole unos meses para cumplir 21 años, había conocido la existencia pasada de un periódico con el mismo nombre y que, en medio de tantas guerras civiles como solía haber, enarbolaba las banderas de la paz y la integración nacional.

Con estos postulados creó el periódico. Ese 6 de febrero, martes por más señas, a las 4:00 de la mañana, salieron a las calles los primeros 400 ejemplares tamaño tabloide, de cuatro páginas, la primera de ellas con 13 avisos y ninguna noticia, para venderse a tres centavos.

Pérez escribía a mano los editoriales en una oficina de la calle Colombia. De allí, los enviaba al taller, situado frente al Teatro Junín, donde hoy está el edificio Coltejer.

Años 10 y 20
Nacían y morían tantos periódicos y revistas, que es dudoso suponer que Francisco de Paula hubiera adivinado la larga vida de su creación. A los dos años, la dejó en manos del partido Conservador para comenzar su carrera política.

En el 10, el ambiente intelectual de Medellín, ciudad de 60 mil habitantes, lo lideraba Tomás Carrasquilla y comenzaba a aparecer Fernando González . En las calles rodaban 600 carretas, 260 bicicletas, menos de 100 coches y unos 15 autos. Se realizaron los primeros vuelos en aeroplano y llegaron los primeros fonógrafos. La primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa sucedieron en este lapso, pero las informaciones eran lentas y fragmentarias.

A EL COLOMBIANO no le tocó fácil. Debía competir con La Defensa, El Comercial, El Bateo, El Diario, El Luchador, El Heraldo de Antioquia, El Esfuerzo, La Buena Prensa, El Estímulo, Colombiay El Espectador. Un granadino, Jesús María Yepes , tomó sus riendas. En 1916, pasó de tener una circulación bisemanal a diaria y contrató los servicios de una agencia de noticias. Y si bien no creció mucho hasta 1930, sí fue influyente en los ámbitos político y social.

La locura de Julio C. y Fernando
Una locura. Con estas palabras calificaron la inopinada acción de Julio Carlos Hernández Fernándezy Fernando Gómez Martínez de comprar un periódico medio caído en circulación, en plena crisis económica mundial. Antioquia contaba con poco más de un millón de habitantes y Medellín había pasado a tener unos 120 mil. La industria y, con ella, el empleo masivo, apenas florecían. Pero ellos tenían razones para adquirirlo. "Los amigos de (Guillermo) Valencia necesitábamos un periódico" para impulsar su candidatura, cuenta Gómez Martínez.

Eran más las ganas que la plata lo que tenían los dos. Convencieron al partido Conservador de que les vendiera. A quien no pudieron persuadir al principio fue a Jesús María Yepes , socio mayoritario, quien se quedó a formar parte de la nueva empresa. Fueron adquiriendo las acciones de a poco. Incluyeron, entre sus recursos, el "gordo" de la Lotería de Manizales que ganaron por esos días, y hasta Yepes terminó por venderles, para dedicarse a su carrera política y docente. En 1937, EL COLOMBIANO era ya totalmente propiedad de los dos amigos.

El propio Julio C., quien emprendió labores administrativas, salía a las calles cada madrugada a distribuir los diarios entre los voceadores, indicándoles la noticia importante con la cual debían impulsarlos.

EL COLOMBIANO ha sido conservador, aunque no sectario. En su nómina de periodistas siempre ha habido algunos de izquierda, liberales y demás. Por eso, a Julio C. y a Fernando los criticaban los de su colectividad, tildándolos de "patiamarillos": se referían a que sus opiniones a veces eran alejadas de las suyas.

Alberto Velásquez , quien fue subdirector en los ochenta, recuerda que esta característica empezó a notarse en 1929, cuando ingresó Gilberto Alzate Avendaño . En su Página Universitaria , Alzate incluía ideas de personajes de diversas corrientes de pensamiento. Carlos Lleras Restrepo, Alberto Lleras, Germán Arciniegas , entre otros, llegaron a colaborar en ella.

"Yo me hice en EL COLOMBIANO", cuenta Belisario Betancur , quien ingresó en 1942. Recuerda que Ecos y Comentarios estaba a cargo de Otto Morales , Miguel Arbeláezy Jaime Sanín. Ellos le "regalaron" de a un tema cada uno, para que se ganara unos pesos. "Yo debía escribirlos con los estilos de ellos. En los de Otto, citaba algo de Mariátegui; en los de Miguel, de Kafka, y en los de Jaime, del Siglo de Oro".

En esos años cuarenta, cuando el mundo se estremeció con la segunda Guerra Mundial, se unió a la dupla rectora, Juan Zuleta Ferrer , quien fue director de 1947 a 1984. Amigos de Jorge Eliécer Gaitán -aunque de ideas diferentes-, lamentaron su asesinato y así lo expresaron en el sentido editorial del 10 de abril de 1948.

En la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla, al periódico le impusieron una multa de 600 mil pesos, efecto de la censura, la cual significaba casi la quiebra. Los trabajadores decidieron ofrecer un día de salario para ayudar a pagarla. Julio C. y Fernando, en reunión con ellos, agradecieron el gesto, mas no aceptaron ese dinero y, en lugar de ello, les dieron una bonificación monetaria.

En los ochenta, Jorge Hernández remplazó a su tío en la gerencia y Juan Gómez, a su padre en la dirección. Fue durante este tiempo que ocurrió el suceso protagonizado por Trespalacios. Este hecho aceleró la decisión de trasladar la sede a predios adquiridos en 1984, donde está hoy, y en los cuales funcionaba una rotativa adquirida por esos años, una Metroliner, que no cabía en la sede de Juanambú.

"En EL COLOMBIANO, Julio y Fernando formaron una familia -recuerda Jorge Hernández -. Nos enseñaron a mantenernos unidos. Los linotipistas, por ejemplo, eran sabios: terminaban corrigiéndole a Juan Zuleta Ferrer ".

A Jorge y a Juan se los "robó" la política. Desde 1991 cedieron el paso a Luis Miguel de Bedout Hernández , sobrino del uno, y Ana Mercedes Gómez Martínez , hermana del otro, quienes estaban vinculados hacía tiempo.

"La crisis económica más dura que me tocó enfrentar -cuenta Luis Miguel- fue la de finales de los noventa. No se afectaron la venta en la calle ni las suscripciones, sino la venta de publicidad. Grandes periódicos del país entraron en dificultades. Nosotros salimos adelante". Esto, con incursión en nuevas plataformas de medios. La audioprensa, con Salomón , el teléfono sabio; un noticiero en Teleantioquia; elcolombiano.com , la aparición de nuevos impresos como Gentey Q'hubo , y, más recientemente, los servicios informativos para iPad.

"Cuando nos pasamos para Envigado en 1988 -rememora Ana Mercedes-, no había llegado el fax; las fotos llegaban por telefoto y las noticias, por teletipo; las cámaras fotográficas eran análogas y era un orgullo mostrar nuestro cuarto oscuro de revelado, con puerta giratoria; no había internet, ni telefonía celular. Fuimos pioneros entre los medios del país en dotar de computadores a nuestros periodistas. En fin, en estos veinte años hemos visto un cambio sin igual en materia de tecnología".

Además, entre estos avances, no podemos olvidar la reciente llegada de otra rotativa. Una Manroland alemana, evidencia de una profunda fe en la continuidad de los impresos. Así, la emocionante labor periodística continuará.

EL COLOMBIANO seguirá latiendo como el corazón de la sociedad. Seguirá despertando a sus lectores llevándoles noticias y e historias, integrado a un pueblo que lucha, sufre y goza cada día, sin parar.

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