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A Sandro

08 de enero de 2010
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Me han dicho que usted ha muerto, querido y oído amigo. O sea que ya no volverá a cantar como tantos de sus antiguos compañeros de cartel (y de carreta) que aún vienen a estas tierras a dar un último concierto (una especie de retro sonoro), en ocasiones ayudados por pistas grabadas de la propia voz. Es claro que a cierta edad, las notas no son las mismas y la vocalización pierde la alegría y agilidad de los buenos tiempos, cuando la talla de las camisas y los pantalones era menor. Y las muchachas más. Claro que cada cual se gana la vida como puede y entonces el asunto del geronto-cancionero no viene al caso y más si hay gente que prefiere las cosas añejas y secas (y por ello paga), como los que comen jamón serrano, carne esta que Manuel Vásquez Montalbán llamó la parte más deliciosa y cara de la momia del cerdo. Para todo hay gustos.

De su suerte no he sabido mucho, Sandro. Y digo suerte porque a usted como buen gitano no lo asistió más que el azar, lo que se podía leer en la palma de la mano y en la duración de un ramito de mirto (de ruda, diría Celia Cruz), ese con el que las gitanas de Granada persiguen a los transeúntes, haciéndose insultar. Y en su última carta, Sandro, perdió. A todos nos llega un momento en que la baraja nos la juega. Pero antes de perder hizo soñar mujeres y muchachos tímidos, puso a bailar a los que hoy sufren de alza en los triglicéridos y están hipertensos, y no falta la señora gorda que lo recuerde como causa de su casamiento. Lo interesante de los que cantan es que dejan, a más de la historia cantada, los resultados buenos y malos de la música que hicieron bailar y sentir.

De usted, Sandro (Sindro d'América, lo llamaba un amigo), conocí su voz, la manera de abrirse la camisa y mover las caderas, su gordura posterior y el tono de la voz, no sé si fácil o difícil de imitar. Y su gitanería, que pudo provenir de carretas y de carpas, peroles de cobre y venta de caballos, o que simplemente la usó para cantar y darse aires de romaní o egipcio (por aquello del gypsy inglés). De todas maneras, su mundo zíngaro le dio un aire especial, de perteneciente a un grupo de cante jondo y al mismo tiempo de malevo sin prontuario de barriada latinoamericana. Y como desconozco si a ustedes los gitanos los entierran, los queman o los llevan al mar (donde tienen su Cristo), en su honor recuerdo a Esmeralda, la bella gitana de Nuestra señora de París, la novela de Victor Hugo. Posiblemente se baile en el más allá.

Sandro, cantante argentino que se hizo famoso en los días de la Nueva ola, los chicos ye-yés y las muchachas que hacían ejercicios previos para desmayarse después en los conciertos. Durante la dictadura argentina de Videla (los 70) le tocó hacer maromas para no ser acusado de comunista. No sé si cantó algo.

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