Muy delicada la denuncia de una funcionaria de la Oficina de Derechos Humanos de la Presidencia de la República sobre supuesto acoso sexual por parte de su jefe. No es una simple "vaina aburridora", como diría el lenguaje cachaco. El denunciado, que ha sido expositor, en diversos foros, sobre la política colombiana de protección de derechos de la mujer, no se ha pronunciado aún.
Esta clase de denuncias están sujetas a todo tipo de especulaciones, desmentidos, presiones y chantajes. Muchas veces la mujer víctima se convierte en acusada, y por eso a veces prefieren callar. Por su parte, el acusado propende -como es su derecho- por la presunción de inocencia y el debido proceso. Más allá del morbo y el daño, hay que exigir una pronta y eficaz investigación.
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