En los últimos años, los residentes en la capital de la república no han podido contar con una administración que rija sus destinos de manera consciente y eficiente, pues la desazón que ronda por el Palacio de Liévano ante las constantes denuncias por corrupción en que se han visto involucrados desde el alcalde mayor hasta los propios entes de control, nos lleva a pensar que esa administración es una verdadera cloaca más fétida que el mismo río Bogotá.
La actual situación de abandono, desidia y desgreño administrativo ha originado un grado de frustración sin precedentes, por lo que en todos los rincones de esa gran urbe se respira un aire de frustración, de pesimismo y de rabia, al ver a la otrora Atenas Suramericana desbaratada, intransitable, con graves problemas sociales y de seguridad, sin solución a la vista.
Los perdedores de esta debacle administrativa no sólo son los ciudadanos que sufren las consecuencias, sino también quienes políticamente la han apoyado y que por tanto les debe caber alguna responsabilidad, como son: el Polo Democrático, el Partido de la U, el Liberal, Cambio Radical y algunos independientes, que de manera soterrada y cómplice permanecieron durante años en esa coalición perniciosa, hasta que empezaron a conocerse las denuncias por los innumerables desafueros y que hoy tratan de pasar inadvertidos y ajenos al estado de cosas que hoy tiene a la comunidad indignada.
El Distrito Capital se prepara para elegir un nuevo alcalde, capaz de lograr su reconstrucción moral y física, que nuevamente lo ponga en el sitial que se merece en el contexto nacional y continental; en la palestra ya aparecen definidos, por el liberalismo, David Luna; por el Partido Verde, Enrique Peñalosa, y por Cambio Radical, Carlos Fernando Galán; falta por definir si Carlos Gaviria aspiraría por el Polo y suenan también como posibles aspirantes la aguerrida e inteligente Gina Parodi y hasta el ex presidente Álvaro Uribe, entre otros, que aun no se han decidido.
Las encuestas y los diferentes medios de comunicación se atreven a mencionar como el más seguro ganador al representante del Partido Verde y exalcalde Enrique Peñalosa, quien goza de excelente imagen y se le recuerda por su importante gestión en el mejoramiento de la infraestructura de los barrios marginados, por la realización de una efectiva reforma urbana, por el incremento significativo de la asistencia de los niños a las aulas escolares, por el mejoramiento y la construcción de instalaciones educativas, por la implementación del sistema transmilenio y el inicio de construcción de ciclorrutas, entre otras obras de gran impacto social.
El Partido Verde, no olvidemos, se encuentra en un proceso de maduración, su proyecto político aun no se consolida ni ha obtenido un triunfo significativo de manera colectiva desde que se unieron los cuatro independientes, por lo que su unidad, dada la trayectoria de sus dirigentes que han sido exitosos individualmente, se encuentra pegada de un hilito que en cualquier momento se puede reventar y dar al traste con el más importante proyecto de ofrecer al pueblo colombiano una alternativa diferente de ejercer el poder; por lo que caer en la controversia y en la tentación de un posible desliz de alguno de sus dignatarios, renuentes a aceptar el apoyo del expresidente Uribe, brindado de manera unilateral y directa al candidato Peñalosa, sin buscar primero el beneplácito de la dirigencia verde a esa alianza, sería un suicidio para esa colectividad.
Lo que está por dilucidarse y nos tiene en vela, es conocer las verdaderas intenciones del expresidente; si su apoyo al aspirante que encabeza las encuestas es sincero o estratégico, o si es una jugada maestra para dividir a los verdes y quedarse con el segundo cargo más importante del país, bien en cabeza propia o personificado en la figura de Enrique Peñalosa o en otro de los de su confianza. Hagamos votos para que quien llegue a esa y a todas las alcaldías, tengan la idoneidad, la vocación de servicio y la firme intención de luchar, no solo por la dignificación de esos despachos, sino también por la recuperación de los valores tan ignorados en estos tiempos por la mayoría de los servidores del Estado.