Uno de los cerebros que diseñaron minuciosamente la Operación Jaque, dice que la inquietud que lo asalta ahora, un año después de su exitoso plan, es no volver a ver nunca más a sus otros compañeros uniformados que quedaron en cautiverio.
“El único temor que tengo es que tal vez nunca los podamos rescatar, nunca volvamos a ver a los secuestrados”, dice.
Se trata de un hombre que lleva 33 años en las Fuerzas Militares trabajando en el departamento de inteligencia, y quien ya no se asombra por nada. Con carácter sereno las ideas le fluyen fácilmente; una de ellas sirvió para planear la misión militar que se ha convertido en un orgullo en la historia de las Fuerzas Armadas de Colombia.
Su oficina es un centro de operaciones. Una de las paredes está completamente tapizada con un mapa de Colombia donde están marcadas las zonas donde aún hacen presencia las Farc. Para él, ese mapa es la muestra de que “las Farc están vivas”.
Además, reitera que los insurgentes siguen vivos y que se encuentran en un punto de repliegue o escondite hasta los cuales “esperamos seguirlos, acorralándolos hasta tenerlos en un solo sitio y sin salida”.
Pese a este reconocimiento, sin triunfalismos acepta que este próximo 2 de julio se cumple el primer aniversario de su mayor orgullo como soldado de la Patria. Sin embargo, el militar afirma que se trata de un episodio muy importante, pero que simplemente ya pasó.
Como estratega de guerra no piensa tanto en la celebración, pues para él “la guerrilla de las Farc debe estar planeando una suplantación de uniformados de la Fuerza Pública, ataques o bombazos, a manera de desquite”. “Mi temor es que mueran en cautiverio” Cada vez que puede, este uniformado insiste en que lo que más lo inquieta es la suerte de los uniformados que quedan en cautiverio, como si se tratara de un hecho casi imposible de descifrar, por la pérdida de contacto con las Farc, y la no entrega de pruebas de supervivencia.
Con tristeza, pero argumentando que es una cruda realidad, él no descarta que las Farc “los dejen morir”.
“El personal militar debe estar en condiciones infrahumanas, me los imagino con cadenas en el cuello, manos y pies. Ahora deben tener muchas más limitaciones, después de la Operación Jaque. No deben tener acceso ni a un radio, debe ser como una privación cavernaria, con la negación de todo”, afirma, mientas observa un cuadro con el retrato de su padre, quien también fue un hombre destacado en la Fuerza Pública.
Interrogado sobre el posible paradero de los secuestrados que aún tienen las Farc, cambia su mirada y se quita los lentes para decir: “Nuestra selva es muy extensa. Por eso el temor que tengo es que tal vez nunca los podamos rescatar, quizás nunca volvamos a ver a los secuestrados. Las Farc deben haber extremado las medidas de seguridad”.
Cada vez que se acuerda de los secuestrados se levanta de su silla y da varias vueltas: “Mi temor es que mueran en cautiverio”, repite.
Explica este oficial de inteligencia que tal vez uno de los secuestrados de la Fuerza Pública que tiene una especie de inmunidad es el sargento Pablo Emilio Moncayo, secuestrado en diciembre de 1997 durante una toma guerrillera a la base militar de Patascoy (Putumayo), y que ello puede deberse al trabajo de su padre, el profesor Gustavo Moncayo, quien ha hecho que los ojos del mundo estén centrados especialmente en su hijo.
Sobre el ascenso del general Luis Mendieta el militar asegura que nunca debió ser ascendido en cautiverio, porque se convirtió en “un objetivo de alto valor. Antes tenían a un coronel y ahora tiene a un general en su poder”.
Además, insiste en que “si los guerrilleros quisieran soltar a los secuestrados y si tuvieran la voluntad que dicen tener, los dejarían en una población en un puesto de cualquier autoridad”. En la mira de la guerrilla Pese al anonimato que está obligado a guardar este uniformado del Ejército y a su tranquilidad al dar órdenes a su secretaria o al recibir a decenas de personas que lo visitan, dice que quienes participaron en Jaque se encuentran en la mira de la guerrilla.
“No descarto que los subversivos ya deben tener bastante información de las personas que participaron en el rescate de Íngrid Betancourt, tres contratistas estadounidenses, siete miembros del Ejército y cuatro miembros de la Policía”.
Al hablar sobre la misión militar que él denominó “Ángeles y Esperanza”, y que luego se llamaría “Jaque”, argumenta que “ellos (los guerrilleros de las Farc) saben quiénes somos nosotros y hasta deben tener fotografías”. Por esa razón hizo un compromiso de honor para no entregar detalles de la misión que considera clasificados, por el riesgo que implican para quienes hicieron parte de ella.
Al intentar explicar un poco más acerca de la planeación de la maniobra del Ejército, el oficial describe que se diseñó de la manera más sencilla, aprovechando la debilidad del adversario.
Por su mente siempre pasó una energía positiva para traerlos de vuelta a pesar de que lo tildaron de loco por sus ideas, locura que se materializó en un sueño hecho realidad. Pero,“dejemos a los santos quietos, con mucho cariño. Contaría todos los detalles de Jaque, pero no lo haré”, y se sonríe. El manuscrito del “Mono Jojoy” Desde su oficina, donde conserva sus tesoros, se alcanza a divisar una zona verde llena de militares. Lo acompañan varios retratos de Simón Bolívar, varios radios de comunicación 710, por los que le hacen reportes de áreas y novedades; una mesa grande y unos muebles donde reposan algunos cascos militares.
En ese mismo lugar expone 23 medallas dispuestas sobre la bandera de Colombia, y detrás de su escritorio dos banderas del Ejército.
Otro detalle que conserva como un tesoro es un papel común y corriente escrito a doble tinta, roja y negra, con números y letras y que pasaría inadvertido para cualquier persona.
Las letras en ese papel las escribió un día antes del éxito de Jaque y constituían el último mensaje enviado al guerrillero Gerardo Antonio Aguilar Ramírez, alias “César”, y a Alexander Farfán Suárez, alias “Gafas”, para que trasladaran a los secuestrados, haciéndoles creer que era un mensaje de Jorge Briceño, alias “Mono Jojoy”: “El jefe de la Comisión es un señor José Luis Russi. Él lleva las indicaciones de todo. La carga debe ir amarrada. Estamos pendientes ahí para que nos avise cuando llegue lo correspondiente. Saludos, Jorge”.
“Esa es la traducción de esa cantidad de números y letras que escribimos en el papel”, expresa el militar.
Otra fortuna que conserva es el comunicado de prensa redactado cuidadosamente horas antes de la operación, él pidió que se lo firmaran para tenerlo de recuerdo, pues sabía que la operación saldría exitosa.
Sobre el escrito tenía los nombres de todos los que esperaban liberar. Según relata, hace un año él dijo: “De cumplir, se estará firmando la historia militar de este país”. El oficial guarda estos documentos como información ultra secreta en una caja fuerte, además de otros papeles con información privilegiada.
A sus 52 años, transmite tranquilidad absoluta. En el lugar donde recibe a las visitas tiene un ajedrez de vidrio donde reza: “Toda terna debe tener un caballo y dos burros, alguien que piense y dos muy buenos trabajadores”. Una operación netamente criolla Y aunque mantiene su reserva a la hora de entregar detalles, lo que sí hace con furor es desmentir que durante esta acción se necesitó ayuda de extranjeros: “Esta fue una operación con indios y flechas y es una mentira que participaron otros países, tampoco es cierto que ‘Gafas’ y ‘César’ se vendieron. Esta misión fue realizada por soldados colombianos”. Según el oficial, los que participaron nacieron en este país, en Boyacá, Santander, en la Costa Atlántica, en Meta y Bogotá. Por eso dice que no tolera que “vengan a decir que participaron fuerzas extranjeras”. |