Una sociedad en la que los ciudadanos están rodeados por “telepantallas” de monitoreo, siempre bajo el omnipresente ojo auscultador del Estado y controlados en todos los niveles por las más altas esferas del gobierno es la que describe el escritor británico George Orwell en su novela 1984.
Con el escándalo desatado por la filtración de que un programa oficial de los Estados Unidos accede a la información personal que millones de usuarios confían a los más populares portales web, no han faltado comparaciones con esta obra profética.
“Orwell es un tipo que identificó que los Estados iban a tener unos instrumentos de control”, advierte Juan David Escobar, director del Centro de Pensamiento Estratégico de la universidad Eafit.
Publicada en el año de 1949, la novela futurista es espejo de los turbulentos años en los que transcurrió la Segunda Guerra Mundial y sus regímenes totalitarios.
No obstante, 1984 ha llegado hasta nuestros días como la novela que mejor predijo algunos de los mecanismos de control y represión de los regímenes actuales, incluida la tan manoseada democracia.
No han faltado entonces las comparaciones entre “El gran hermano”, omnipresente en la obra de Orwell, y el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.
No hay que ser muy perspicaz para imaginar que la mejor forma de “monitorear” la vida de los ciudadanos contemporáneos es a través de la tecnología y, más precisamente, por medio de internet.
Servicios como los que ofrecen Google, Facebook, Microsoft, Skype, Yahoo y Apple -todas ellas compañías sobre las cuales opera el programa de la CIA-, prácticamente son el resumen de la vida de millones de personas en todo el mundo.
Si a eso se le suman las cámaras de vigilancia, los documentos de identidad y el soterrado control de la opinión pública, no suena tan descabellado pensar que la aldea global vive actualmente en el mundo imaginado por Orwell. “Él estaba anunciando que iba a haber más ojos, u orejas, a medida que los avances tecnológicos permitieran que las personas se comunicaran por esos nuevos medios”, señala Escobar.
Por supuesto, no es la primera vez que se hace una comparación de este calibre, mas sí la primera que la antiutopía toma visos de realidad concreta y de alcance mundial.