Un hervidero de gente emocionada y con el fervor patrio en todo lo alto invadió ayer los calles aledañas al estadio El Campín. Era como una verdadera llamarada que iba y venía cada vez que grupos de hinchas con banderas gigantescas aparecían y desaparecían en las calles.
Era sábado, con excelente clima en las horas previas al encuentro Colombia-México y un equipo local que en cuatro presentaciones cautivó. Sol radiante, un frío cautivador.
Todo estaba dado para vivir la fiesta y qué mejor que disfrutarla en familia en el inicio del puente festivo, tal como se vivió ayer el juego.
Y si ese era el panorama afuera, adentro sí que era un pandemonio. Las banderas amarillas ondearon desde dos horas antes de iniciado el juego, la ola y los "vamos Colombia, vamos Colombia" se sintieron contagiosos entre los más de cuarenta mil aficionados que colmaron el estadio capitalino.
La salida del equipo de Lara y del caudillo James Rodríguez fue como un explotar de sentimientos en uno solo. Miles de gargantas se confundieron en una sola palabra que se repitió una y otra vez: "Colombia, Colombia, Colombia".
Jaime Osejo, quien se pintó el rostro con el tricolor nacional y se cubrió con una bandera gigante, delataba toda su alegría mientras entraba por occidental general.
Llegó en compañía de su amigo Jimmy, ambos con sus hijos Samuel y Lucas, todos ataviados con la insignia patria. "Por primera vez venimos la estadio con nuestros muchachos, este Mundial es una maravilla", dijeron cuando caminaban apresurados en busca de su ubicación.
Metros antes de ingresar a los puestos de control Pedro José Contecho, un pequeño de 11 años, por su propia iniciativa, les dijo a sus papás que le comprara una réplica de la mascota Bambuco, la que le entregó a un niño de la calle. Posaron para la foto y disfrutaron de un momento que solo permite el fútbol, el Mundial juvenil que Bogotá ha vivido con intensidad.
Y en el recorrido por el escenario no podían faltar los mexicanos, vestidos de verde y con sombreros gigantes, listos para el espectáculo. Dulce Rodríguez y sus hermanas Deira y Denis, naturales de Monterrey, están de trabajo en la capital colombiana y no podían desperdiciar esta gran oportunidad. Las atractivas damas ingresaron pensando en un triunfo 2-1 de su elenco.
A las tres las acompañaba Davis Cuesta, el novio de Dulce, un bogotano que con su camiseta amarilla y sombrero vueltiao hacía el contraste de esta, una de las cientos de escenas que se vieron ayer en El Campín, donde todo era carnaval. Y donde se comprobó ese matrimonio ideal: Colombia-Bogotá.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8