Tras casi una semana de dolor, la familia de Carlos Adolfo Amador Ramírez pudo por fin despedirlo y enterrarlo en su tierra.
Ayer este hombre, de 38 años, una de las víctimas de la masacre en Táchira, Venezuela, fue enterrado en el cementerio Campos de Paz, luego de lograr la repatriación del cadáver, torpedeada durante varios días por algunos inconvenientes.
El féretro fue transportado desde Cúcuta, en un avión de la Fuerza Aérea de Colombia, que arribó ayer a la 1:00 de la madrugada al aeropuerto de Rionegro.
A eso de las 3:00 de la mañana ya su familia lo acompañaba en una sala de Capillas de San Juan y siete horas más tarde le dio sepultura.
Sus padres no pudieron contener la rabia de ver a su hijo muerto por razones que no se explican. "Nunca te olvidaremos hijo. Nunca te olvidaremos", decían mientras acariciaban el féretro.
Sus hermanos, familiares y muchos amigos y vecinos del barrio San Javier, acompañaron a Carlos hasta su última morada.
La tardanza para la repatriación de los diez cadáveres se debió inicialmente a la negativa del Gobierno de Venezuela para permitir el ingreso del avión de la FAC a territorio de ese país.
Posteriormente, se supo que la decisión obedecía a una confusión en la logística del traslado de los cadáveres, pues Venezuela ya había iniciado el proceso para enviar los despojos hasta Cúcuta, vía terrestre.
En el amanecer del martes los despojos de las víctimas fueron recibidos en la morgue de Cúcuta donde permanecieron hasta las últimas horas del miércoles.
La Fiscalía General de la Nación realizó la identificación de todas las víctimas, aunque tuvieron inconvenientes para distinguir a un muchacho oriundo de Valledupar y a otro de Cúcuta.
Hasta ahora, ninguna autoridad ha informado sobre la autoría del múltiple crimen. El Gobierno colombiano le pidió a Venezuela esclarecer pronto los hechos.
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