Una de las herencias que dejó para América Latina la Guerra Fría fue la injusta satanización que se le hizo a la izquierda política, todo lo que estuviera ubicado del centro hacia atrás era considerado comunista y por ende borrado.
Ahí puede estar una de las razones por las que luego de haber sido tan reprimidos, algunos representantes de esa tendencia que hoy gobiernan en países como Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia surgieran en estos últimos diez años con rasgos tan marcados al extremo que generan rechazo, estridencia y hasta temor.
En Colombia la experiencia más destacable de un partido de izquierda en toda su historia ha sido el Polo Democrático Alternativo, que surgió cuando varios dirigentes de organizaciones afines entendieron que para competir con solidez en un país derechizado, tenían que unirse. Anteriormente, porque no había una representación real, muchos habían apoyado causas que no eran de izquierda como tal, sino la opción medio parecida: el Partido Liberal; que de ninguna manera ni ha sido ni es de izquierda ¿o lo son sus actuales representantes más visibles: el ex presidente César Gaviria y el candidato único Rafael Pardo? Nunca.
Aunque a Álvaro Uribe y a José Obdulio Gaviria se les haya ocurrido borrar las definiciones del espectro político que se usan en el mundo entero, al decir que esa es una catalogación de épocas pasadas; hasta 2007 Colombia tuvo por un período muy breve un partido organizado que puede definirse realmente como de izquierda.
A partir de ese año se hicieron visibles las debilidades del Polo; primero, por la sed de poder interno que terminó siendo más voraz que la de los partidos tradicionales y hoy lo tiene absolutamente fraccionado; y segundo, por la sombría amistad que algunos de sus directivos empezaron a hacer visible con el vecino, que ahora manda a tomar "duchas socialistas" de tres minutos para evitar racionamiento de agua, mientras él dispone de 900 millones de pesos al año para sus trajes (cifra real del presupuesto venezolano de 2010).
Cuando un partido político tiene la fortuna coyuntural de salir en unas elecciones presidenciales como la segunda fuerza más importante, tiene dos opciones: la primera es cuidar cada paso que dan, para no salirse del esquema que le marcaron los electores y mantener ese mismo lugar hasta lograr revertir la tendencia y hacerse con el poder; y la otra, encontrar un elemento que lo aparte de la gente. Esa última fue la que torpemente escogió el Polo en Colombia.
Hugo Chávez ha sido el encargado de sembrar distancia entre el Polo y los más de dos millones y medio de personas que votaron por Carlos Gaviria en 2006. Hoy no existe esa sintonía y el temor a que los "amigos" del venezolano -como él mismo los llama- gobiernen, es suficiente para entender que en manos de Chávez está la partida de defunción del Polo.
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