Lo que están construyendo es una bicicleta rara. Pedalean 12 personas, que se miran de frente. Tiene un conductor, un montón de llantas, muchas flores, frenos hidráulicos y un colibrí que mueve las alas tratando de darle con el pico al girasol, que tampoco se queda quieto.
Las medidas también son extrañas: 12 metros de largo, 450 centímetros de altura, dos toneladas de peso. Es ancha, tiene luces, pito y un sombrero y un carriel de Jericó.
"Es un producto único, paisa", dice Rodolfo Posada, uno de los señores que por eso del amor a la feria y, lo cuenta él, "gomoso con las eventos cívicos", hace parte de Arrieros pues.
Se trata de un grupo de amigos, que desde hace siete años participan en la feria. La idea fue de Jaime Duque y Jorge Echeverri, los locos del paseo, como les dicen los demás.
La cosa empezó porque en una participación, con una carroza pequeña, en una cabalgata, vieron que había mucho carro y muchos elementos que contaminaban. Entonces se les ocurrió la idea, expresa Jaime, "de salir con algo bonito, pero que cuide el ambiente".
Ellos han sido los del caballo de seis metros, el silletero gigante y las mulas en las que los libertadores, el año pasado por eso de la Independencia, salieron en el desfile de Silleteros, en el que no han faltado desde hace cinco años.
Y como cada que pasa la fiesta, al otro día ya están con las libretas listas para apuntar las ideas y trabajar en el proyecto del año siguiente, un día, ya casi que durmiendo, a Jaime se le ocurrió lo de la bicicleta. Ahí fue cuando los llamó a todos, y eso que son unos cincuenta, y empezaron a trabajar.
La cuestión es de "ingenio paisa", comenta Juan Jaramillo, otro integrante de Arrieros pues, que para hacer posible el sueño, después de trabajar, llega en la noche al taller de Jaime, a seguir trabajando. Sólo que lo que hace ahí es por puro cariño o, como indica Rodolfo, por "la satisfacción de ver la sonrisa y el aplauso de la gente". Por eso nada más.
A pedalear
A estas alturas la bicicleta ya está casi lista. El colibrí anda un poco desplumado, pero el pico ya está largo. Y si el carriel, que lo hicieron las mujeres, permanece cerrado, pareciera perfecto. Lo que pasa es que cuando vaya en el desfile y se abra, estarán los dados, el espejo, la cuchilla de afeitar, el calendario Bristol y la foto de la novia del que sea el dueño.
Y así les toque doblarse, la carroza estará lista el domingo, con todas las flores que va a llevar y hasta con la gente que se va montar en esa bicicleta tan rara.
Por supuesto, en términos técnicos ya está lista, aunque el trabajo de investigación fue difícil. "No es una copia, sino una creación propia y colectiva", afirma Jaime.
El mecanismo se lo inventaron. Porque dos bicicletas, con la cadena girando para lados diferentes, enloquece a cualquiera. "El pedaleo es transversal -explica el fundador de Arrieros pues - y el sentido es frontal".
Tal vez por eso el día que lograron hacer rodar la bicicleta, después de tantas maquetas y tantos intentos, Jaime no pudo dormir de la emoción. Y tal vez los 50 amigos que la vean rodar el domingo, no duerman el sábado, ni tampoco el domingo, de la misma emoción.
En el cansancio no piensan. Qué van a pensar, aseguran ellos, si tienen de ejemplo la fortaleza de los silleteros, con esa silleta tan pesada. "Nosotros vamos sentados", comenta Juan. Y tienen esa bicicleta tan grande y tan rara rodando, que qué más le van a pedir a las flores.
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