
En un solemne y variopinto funeral, una otoñal amiga me mira con curiosidad de paleontóloga. Luego me electrocuta con la pregunta: "¿Y cuándo nos volvimos tan viejos?". Pese al arzobispal "nos" que la incluía, me dejó sin norte, sur, oriente, ni occidente.
En su malévola inquisición había sevicia mezclada con gotas amargas de mala leche. Me dejó tan achilado que casi le pido platica pa'l bus de regreso a la infancia. La pregunta me dañó los almuerzos de semanas pasadas y futuras.
Cuando una mujer desea vengarse de otra le encuentra cirugías plásticas hasta en la forma de partir el pan, tomarse una copa de vino, hacer carrizo. (Tampoco se pierden los años que se quita una mujer: según los chinos, van a dar donde alguna de sus amigas).
Como la idea no es vengarme de mi contradictora porque caballerosidad obliga, debo admitir que la dama del cuento, a la que no veía hacía décadas, todavía conserva cenizas - pocas- de su cada vez más marchita belleza.
Pero -y aquí me cobro venganza- me puse a contarle las arrugas. ¡Felizmente le encontré varias! Alá sea loado. Dios no castiga ni con palo ni con rejo. Lo hace más sutilmente: en "punible ayuntamiento" con los cirujanos plásticos, nos ametralla de arrugas.
Todavía me pregunto qué le hice a mi interlocutora para que me bajara la caña. Me sentí como si le hubiera robado la cartera con sus menjurjes, papeles, fotos de sus nietos, su femenino BlackBerry y las llaves con las que los ladrones "abren las puertas de la noche".
A su lado, chorreando la septuagenaria baba, luciendo cara de retrato hablado, estaba su somnoliento marido, más averiado que este servidor de tintos. O igual. Tentado estuve de sugerirle a mi nueva "dulce enemiga" que la inquietud habría sido mejor planteársela a quien hace tiempos dejó de ser su media naranja para convertirse en un cuasi-semi-exgozquejo de esa fruta.
Espero encontrarme al cliente en otro funeral -cuando envejeces frecuentas más la funeraria que el bar- para decirle que esas cosas no se le preguntan ni al mejor enemigo.
He alardeado de que no me asustan las arrugas y que madrugo a gozarme la larga sesentena que me va pierna arriba. Desde aquella pregunta decidí reducir mis visitas al espejo. He aprendido a peinarme y a afeitarme con piloto automático, casi sin mirarme en él.
Mi nueva mejor examiga me recordó otra pregunta que le hicieron a una colega en la claustrofobia del ascensor: "¿Y vos todavía estás vigente?". Su autoestima quedó a la altura del betún. Parte de sus ingresos han quedado donde el siquiatra.
Creo que a quienes plantean semejantes provocaciones deberían darles la soledad por cárcel. O quitarles el celular y la carne siquiera durante un semestre. Ahí les dejo la inquietud. Y el cuero.
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"EXCELENTE"
TRANQUI DON OSCAR ,USTED NO ESTA VIEJO,SI NO MADURITO
Lloré de la risa. No era capaz de leer del ataque de risa. Gracias, mil gracias.
Don Oscar, da gusto leer sus articulos, en un estilo diferente, fresco, de fino humor. Una vez en un encuentro casual con una antigua, corrijo: desde hacía dias sin verla amiga, me dijo: !Como estás de flaco! ingenuamente le contesté y vos como estás de gorda. Ahí fué Troya. Creo q la futura Academia Antioqueña de la Lengua necesitará replantear el significado de los q estoy seguro fueron mil insultos. Sr. Jealbo, q bueno fué su comentario. Doña Coneja, no cree Ud. q con una ortografía tan desastrosa en vez del buen propósito de agradar antes se ofende a quien tan bién escribe? Don Oscar, perdone Ud. "los equivocos y borrones".
Coneja, mis respetos, la invito a que entre al código ASCII 69 E donde encontrará que solo pisando la tecla alt abajo izquierda y sin soltarla marca un número y tendrá todos los caracteres que necesita, haga su listado, gzo1717@gmail.com


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