No deja de ser lamentable y preocupante la forma en que seguimos abusando de nuestros derechos. El de la libre movilización y el de la protesta, por ejemplo.
No es posible aceptar que cada que se convoca a una marcha o una protesta, tengamos que cruzar los dedos o rezar para que no termine en disturbios ni desmanes. Muy pocas logran llamar la atención o concitar una respuesta de los organismos comprometidos en las peticiones, pues siempre se llega a las vías de hecho.
Como acaba de ocurrir con las marchas de los estudiantes y profesores en todo el país. Las demandas de una educación de calidad y gratuita no pueden ser el escudo para que algunos vándalos y desadaptados acaben con todo lo que se encuentran a su paso.
Los derechos conllevan también responsabilidades. Sería bueno que las autoridades estudiaran con mayor rigor las solicitudes que se hacen para adelantar protestas pacíficas y movilizaciones, pues está demostrado que muy pocas se hacen con rigor a la ley.
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