No es la posibilidad de reelección la que genera rechazo, sino la forma en que algunos mandatarios de la región quieren perpetuarse en sus cargos, violando las leyes y usando su poder para atropellar la institucionalidad.
Ha ocurrido en Venezuela, Ecuador, Bolivia y acaba de suceder en Nicaragua, donde el presidente en ejercicio, Daniel Ortega, logró que la sala constitucional de la Corte Suprema anulara la inaplicabilidad de la norma que prohíbe la reelección presidencial.
Ortega lo hizo ilegalmente, pues integró el quórum en la sala constitucional de la CSJ con tres magistrados sustitutos sandinistas que remplazaron por orden presidencial a los tres liberales, de un cuerpo colegiado de seis miembros. La aprobación de esta decisión deberá pasar por el pleno de la Corte Suprema.
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