Como en la parábola de la multiplicación de los peces y los panes, a doña Doris Baena se le multiplicaron este domingo, como nunca, las empanadas, las papas y hasta el salchichón con arepa.
Y al frente de la tienda, estaba aterrado y asombrado Jorge Sáenz, un barranquillero que en su paseo por Antioquia, se encontró con tremendo espectáculo. "Esto es una locura; en Barranquilla nunca se ha visto algo así", alcanzó a decir. No era para menos. Había que estar en toda la calle 107 del barrio Andalucía, para entender la forma como vibraban los miles y miles de aficionados, cada que se lanzaba desde la parte alta de la línea K del metrocable, uno de los participantes del downhill.
El 35 Clásico EL COLOMBIANO-Indeportes Antioquia se sobró con la escogencia del sitio. Fue una tarde de vértigo, de ver suicidas lanzados a más de 60 kilómetros por hora y, desde luego, las aparatosas caídas. Y fuera del espectáculo vivido en los 800 metros de recorrido, capítulo aparte merecen los habitantes de Andalucía, sus alrededores y todos los visitantes que aprovecharon el domingo para presenciar toda una fiesta deportiva.
"Yo vivo en el barrio Popular, pero me invitaron unas amigas al espectáculo de hoy. Nunca antes había visto algo igual. Ojalá traigan más seguido eventos de esta clase", manifestó Viviana Serna.
Y como en una tarde de gala, los 120 participantes del donwhill, debieron sentirse como con una calle de honor, porque la gente los siguió a lado y lado de la vía. Todo el barrio se volcó, sin distingos de raza o edad. Fue todo un parche, como dicen ahora, en domingo.
Desde el más pequeño, hasta el más adulto, disfrutó con los saltos mortales de los más experimentados y no les faltó el aaaaah, cuando el competidor le hizo el quite a la rampa.
Algunos no entendieron que bajar a alta velocidad hace que los nervios afloren al momento de intentar saltar la rampa. Especialmente los chiquilines. El resto no se privó de verse por el aire.
Eran verdaderos "pájaros" volando, deportistas con la más alta pericia para saber tener con firmeza el manubrio y la habilidad para mantener la bicicleta en el rumbo buscado.
Pero sobre todo, unos nervios de acero, sí unos nervios de acero, para lanzarse por una vía con piso liso, rampas, escaleras, curvas y gran cantidad de obstáculos que son precisamente los que se llevan el suspiro de la gente y hacen que los aficionados sostengan por segundos la respiración.
Lo del downhill este domingo aguanta muchos epítetos: locura, vértigo, suicidio... pero ante todo, un inigualable espectáculo.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8