¿Hasta cuándo los colombianos dejaremos de vivir de realidades y mitos distorsionados?
Un claro ejemplo de esta situación se presenta con los posibles diálogos o acercamientos exploratorios con las guerrillas. Basta que se mencione el tema, para que pululen las opiniones de distinguidos colombianos, y los medios de comunicación en una competencia incontrolable, pretendan establecer, si en verdad hay diálogos; dónde se están llevando a cabo; quiénes participan.
En medio de un frenesí mediático, los comunicadores sólo quieren obtener una chiva periodística sin tener en cuenta el interés nacional.
Además, aparecen numerosas e inusitadas propuestas que van desde treguas bilaterales, opiniones conocidas de pazólogos y el radicalismo a ultranza de sectores de derecha.
En este escenario, la polarización hace de las suyas, pues la guerra o la paz se convierten en un duelo de voluntades dispersas y ajenas de por sí, al sentir nacional y al bienestar de la Patria. Pero, ¡todo bien! Lo importante es opinar, así se haga mal y con inocultables sesgos ideológicos o intereses anodinos.
Otros distinguidos colombianos han sugerido retomar la agenda del Caguán. Tampoco faltan quienes aprovechando este derroche de entusiasmo, hacen oposición política a costa del ofrecimiento de liberaciones unilaterales de cautivos en poder de las Farc. En verdad, de todo hay en la viña del Señor.
Por su parte, el Gobierno se muestra perplejo con tanta euforia relacionada con la paz, y el presidente Santos ha tenido que pronunciarse para negar que haya conversaciones.
Al mismo tiempo de esta parafernalia, la guerra sigue su curso y los muertos y mutilados son una realidad, pero se trata de noticias menores y como nunca, el pulso militar cobra vigencia operacional.
La beligerancia armada de las Farc está en alza en ciertas regiones del país, y se hacen ingentes esfuerzos por parte de las Fuerzas Armadas, para mantener la tranquilidad ciudadana. Por Dios, ¡qué paradoja!
¿Qué hacer entonces? Es necesario acabar con el mito de la falta de confianza y voluntad de las partes (Gobierno-guerrilla). Yo propongo que dejemos tanta euforia y presiones políticas transitivas.
Si los interlocutores principales quieren explorar una salida distinta a la guerra, que la hagan sin afanes ni algarabía mediática. Si logran este propósito, bienvenido, y que entonces lo informen de manera oportuna a la opinión pública.
Pero dejemos de lado especulaciones y protagonismos insulsos.
Ahora, que no salgan con el cuento de que se está coartando el derecho a la información.
Es la cantaleta de siempre.
En cambio, lo que no se puede coartar es el derecho a la esperanza de los colombianos, de alcanzar una paz viable, sostenible y no a cualquier precio.
Lo demás es demagogia barata. Ojalá que los interlocutores tengan la suficiente claridad y el compromiso para construir positivamente, en medio del oportunismo y la polarización.
La voluntad se soporta en el convencimiento de explorar caminos de paz. La confianza se construye con gestos recíprocos, confidencialidad y cumplimiento de lo acordado.
SIN PAUSA: La dignidad humana no es una mercancía negociable en un imaginario revolucionario en decadencia.
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