
La corrupción se ha convertido entre nosotros en algo común, tanto que su gravedad parece no asombrar, dada su frecuencia, puesto que prácticamente todos los días los medios de comunicación registran algún hecho, que por sus magnitudes, escandaliza pero que en pocos días se olvida o se opaca por la gravedad del siguiente. Hemos caído en un verdadero abismo moral. Al revisar los titulares recientes de la prensa nacional aparecen divulgaciones de hechos que reflejan descomposición moral en entidades como Incoder, Foncolpuertos, algunas EPS, el Distrito Capital de Bogotá, el Consejo de Estado, la Dirección Nacional de Estupefacientes, la Policía Nacional, Fondelibertad, Instituto de Seguros Sociales, Transmilenio, entre muchos otros.
Este mal tiene las características de endemia, se propaga vertiginosamente y pervierte, con un mal ejemplo, que contrae el aliento de las gentes de bien. Es un panorama gris para el futuro de la nación. Sus tentáculos se extienden sin respetar el dolor humano, tal es el caso de lo ocurrido en Fondelibertad o en la malversación de los fondos con destino a los damnificados de las tragedias.
Da dolor de patria leer un reciente titular de prensa que anunciaba los resultados de una investigación: "Seis de cada 10 empresarios creen que sin soborno, no hay negocio".
¿Sabrá el país que la corrupción no sólo se limita al sector público?
¿Cuáles serán las cifras en el sector privado, en donde se afectan los propietarios y el pueblo en general, puesto que muchas de las empresas son sociedades anónimas?
¿Qué porcentaje de estos crímenes queda en la impunidad y sus ejecutores en la opulencia?
¿Qué artificios y subterfugios se realizan para frenar los procesos y para callar la comunicación?
¿Cuántas fortunas "ilustres" de hoy son las hijas desdichadas de esta podredumbre?
¿Las llamadas nóminas paralelas son para ahorrar o para pagar favores políticos?
¿En qué va el estatuto anticorrupción, al que le han atravesado más de un palo entre las ruedas?
¿Será ese estatuto un preventivo o un curativo?
¿Ejercerán auténticos controles, con diseño administrativo y dirección profesional las entidades tanto del sector privado como público?
¿Reinará la tolerancia como una excusa para impedir el deterioro de la imagen corporativa o para huir del conflicto?
¿Se enseña y se motiva hacia la ética en las instituciones educativas?
¿Será la formación didáctica de la ética un proceder para cumplir un requisito académico que resulta aburrido e insulso para los alumnos?
¿Tienen las familias un código de valores que enuncian pero que, por sobre todo, fomentan y fortalecen con el ejemplo en la práctica de la vida diaria?
¿Las organizaciones manifiestan sus valores como un simple requisito normativo?
¿Será que las empresas y las diferentes entidades tienen planes permanentes de capacitación sobre ética, axiología, difusión y comprensión de sus propios valores?
¿Alguna empresa o entidad realizará campañas motivadoras permanentes y coherentes sobre sus valores?
¿Seremos todos conscientes de que no existe almohada más blanda que una conciencia tranquila?
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Muy bueno el artículo. Viene a mi cabeza un hecho que nos ocurrió hace poco. A mis hijos se les cayó un balón por el balcón de la casa. Dos niños menores de 9 años, lo tomaron. Nosotros les dijimos que por favor esperaran que ya bajábamos por el. Pues cuando llegamos al primer piso, ni balón, ni niños. Así, de frente. Que nos espera?.
Un cariñoso saludo de Semana Santa para mis vecinos colombianos. Leyendo acerca de la corrupción imperante en su país, me siento extrañada por las constantes críticas a nuestro modelo socialista venezolano. El problema es estructural en ambos países. Es el individuo, no el modelo.
Para comensar yo tambien hago parte de la seguridad democrática y a mucho honor. Todas estas preguntas las puede formular en E.P.M., donde trabajé por muchos años y me pensioné, es la mejor empresa de Colombia y una de las mejores de latinoamerica, allí no se ve corrupción porque todo se maneja con honestidad, desde la señora de los tintos hasta el gerente general, por este motivo crece como la espuma y se ven los resultados.
Que pesar, pero al parecer ya como que hacen parte de la "seguridad democática"
Me identifico totalmente con lo que describe el Dr. Raùl Lòpez en su nota. Yo irìa un poco màs lejos. 16 de los 17 interrogantes los agendarìa en una gran encuesta nacional, liderada ojalâ, por los medios de comunicaciòn. El ùltimo interrogante lo cambiaria por una afirmaciòn moral, asì: "Debemos ser conscientes que no existe almohada màs blanda que una conciencia tranquila".


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