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La captura de Fredy Escobar Moncada se produjo tras sobrevivir a un bombardeo militar, del que huyó para refugiarse en la población de Aguadas (Caldas). Su confesión sorprendió a todos los que lo conocieron, de civil.
 
Fredy Escobar (detrás de Sergio Fajardo) era un líder comunitario reconocido. El Partido Comunista negó ayer que Escobar fuera su miembro activo.
El guerrillero invisible

 En su condición de guerrillero, alias Mateo recorrió
barrios, incursionó en la política, enseñó en la U.de A. y llegó a EPM.
 Los que lo conocieron, entre ellos el alcalde
Fajardo, expresaron su decepción, pero esa era su misión: no dejarse ver.
 ¿Qué tan importante era para las Farc?, es la
pregunta. Aun sin ser un mando clave hubiese podido cumplir tareas estratégicas.


Por
EL COLOMBIANO
Medellín

en los últimos seis años nadie se percató de que Fredy Escobar Moncada pasó de ser investigador y profesor universitario de trabajo social y ciencia política a convertirse en alias Mateo, un guerrillero y cuadro político orgánico del Bloque José María Córdova de las Farc, en Antioquia.

No se dieron cuenta sus padres, con quienes convivía en un barrio de clase media del occidente de Medellín, no lo percibieron sus profesores, compañeros y alumnos de investigación y academia de la Universidad de Antioquia, no lo notó el alcalde Sergio Fajardo, que alcanzó a almorzar en su casa y a nombrarlo en la Junta Directiva de Empresas Públicas de Medellín (EPM).

Tampoco lo sospecharon los líderes comunitarios que lo presentarton como su candidato al Concejo Municipal ni los organismos de seguridad, que no lo tenían reseñado en sus listas de insurgentes.

Para algunos tanto la llegada de Mateo a la Junta de EPM como su captura en Aguadas, Caldas, son el resultado de situaciones fortuitas. Una traición a la confianza que le ganó al alcalde Sergio Fajardo por fuerza de su condición de líder social y comunitario y un golpe de suerte del Ejército que bombardeó una zona donde se reunían jefes de las Farc, pero en la que no se esperaba la presencia de Escobar Moncada, "una de las personas más instruidas de las Farc en la región", según el general Mario Montoya.

De las capacidades y la formación intelectual de Mateo hay pruebas: sus profesores de la U. de A. destacaron que sus promedios siempre estuvieron por encima de 4.0 y que su labor investigativa respondió al alto nivel de exigencia académica de un instituto como el de Ciencias Políticas. En la hoja de vida que el confeso guerrillero presentó a la Junta Directiva de EPM acreditó su asistencia a más de 20 seminarios y foros, un título profesional, un diplomado y una maestría.

En el tema en torno al cual gravitan más preguntas que respuestas es en el de la importancia política y militar de Mateo dentro de las Farc, en la escala regional, es decir en Antioquia y particularmente en Medellín, área de influencia directa de la columna Jacobo Arenas de esa guerrilla:

¿Era Mateo solo un apoyo político del grupo insurgente, un ideólogo encargado de redactar documentos y estimular el adoctrinamiento de base a través de redes milicianas urbanas? ¿O estaba realmente formado para cumplir pacientes tareas de infiltración e inteligencia que le permitieran a las Farc alcanzar metas políticas y militares estratégicas contra el Estado y su institucionalidad, mediante la combinación efectiva de todas las formas de lucha?

De practicante a líder
El nombre de Fredy Escobar no era desconocido en Medellín. En marzo de 2003, poco antes de las elecciones para la alcaldía de Medellín, él llegó a la sede de la campaña del entonces candidato Sergio Fajardo Valderrama, en Boston, junto a varios líderes barriales, para definir el apoyo de su movimiento comunitario a Compromiso Ciudadano, del hoy alcalde.

Los dirigentes comunales lo habían escogido como candidato al Concejo de Medellín. Fue presentado a Fajardo Valderrama como catedrático y líder comunitario de amplio recorrido, como todos lo reconocían por su trabajo de más de 15 años en la zona nororiental y otras comunas de Medellín, según Juan de Dios Graciano, líder que lo acercó a Fajardo y quien aún no se repone de la decepción que le causó ver al profesor y gestor social reconociendo su militancia en las Farc.

"Cuando me enteré -insiste Graciano- me costó creerlo y luego me sentí engañado y utilizado por alguien que traicionó la confianza y un principio comunitario de rechazo a la violencia armada".

La reunión en la sede del movimiento Compromiso Ciudadano fue el primer encuentro político entre Fredy Escobar y el aspirante a la Alcaldía.

En aquella ocasión, dice el alcalde Sergio Fajardo Valderrama, Escobar apareció con el discurso tradicional del líder social, hablando de reivindicaciones, servicios públicos y la importancia de la participación ciudadana en la administración pública.

Pero el reconocimiento social que alcanzó Escobar, capturado por el Ejército y ahora confeso ideólogo de la columna Jacobo Arenas, se gestó en los barrios de la zona nororiental de Medellín, a principios de los noventa.

De acuedo con sus familiares, empezó su trabajo cívico apoyando los programas de la ex ministra María Emma Mejía, entonces consejera de paz para Medellín.

En 1995, con la idea de hacer una práctica profesional en trabajo social, llegó a la sede de la Coporación Convivamos, en Villa Guadalupe. Allí permaneció tres años en proyectos de desarrollo comunitario.

A partir de ese contacto con las comunidades se interesó en firme por la problemática de servicios públicos, tema del que es conocedor y que le ganó adeptos al ser un crítico de las desconexiones y la forma como se cobran en Colombia. También se especializó en temas de planeación.

"Era su rebeldía, organizó foros y movió a la ciudadanía, porque incluso en su casa le tocó vivir el trauma de tener los servicios cortados en varias ocasiones", dijo un pariente directo a este diario.

En 1998 pasó al Instituto de Estudios Políticos, sin abandonar su trabajo en los barrios populares de la ciudad.

En su faceta de líder comunitario siempre se mostró objetivo, radical en sus planteamientos políticos y críticas al Estado, pero sin revelar simpatías por la lucha armada insurgente, recuerdan varias personas que trabajaron con él.

"Trabajaba en camiseta y de bluyines y casi siempre con una mochila. En varias ocasiones le escuché decir que el trabajo comunitario tenía que estar al margen de la violencia armada", relata otro líder del Movimiento Comunitario.

En su entorno era amable, educado, "una persona que no bebía ni gustaba de parrandas".

Tras alcanzar una de las mayores votaciones en la historia de los candidatos comunitarios, Escobar Moncada se concentró en su papel de vocal de control social de servicios públicos, ante EPM.

El año pasado a Fredy Escobar lo volvieron a ver con frecuencia en los barrios de la Nororiental, como coordinador operativo de la Corporación Convivamos, encargado de la promoción de los servicios de la ONG. Seguía sin mostrar tendencias que evidenciaran su condición de guerrillero.

Pero desde el pasado 21 de julio nadie volvió a saber de él. En su casa dijo que se iba a las montañas a realizar un documental para su trabajo, mientras que en Convivamos pidió una licencia de descanso.

Según las directivas de Convivamos, Escobar les dijo que necesitaba salir de la ciudad para sobreponerse del estrés que traía de varios meses atrás, cuando su nombre apareció en una lista negra de profesores y estudiantes de la U. de A. amenazados por supuestos paramilitares.

Se perdió su rastro. Incluso su familia lo dio por desaparecido, hasta que 15 días después salió en las noticias demacrado, de barba y aceptando ser Mateo, militante de la guerrilla de las Farc, la misma que en publico criticaba abiertamente.


Su “tarea” en EPM apenas comenzaba

Aunque Fredy Escobar llegó a la Junta Directiva de EPM el 3 de marzo pasado y sus labores apenas comenzaban, alcanzó a participar en nueve reuniones de ese organismo y sus atribuciones le hubiesen permitido conocer en detalle el funcionamiento de las centrales hidroeléctricas (incluida su infraestructura interna) y las hojas de vida de sus mandos y operarios clave.

“Como miembro de Junta tenía autoridad para solicitar cualquier información y documento o programar visitas a cualquier instalación de la empresa”, precisó a este diario una fuente de EPM.

El alcalde Sergio Fajardo y el gerente de EPM, Juan Felipe Gaviria, insistieron en que alias Mateo no tuvo acceso a información confidencial ni que pusiese en riesgo a la entidad, hecho explicado además por su corta permanencia en el cargo.

Sin embargo, un vocero del Comité Cívico de Seguimiento a EPMseñaló que “las Farc y Fredy Escobar venían haciendo un trabajo estratégico” de infiltración en la empresa.

El mismo gerente de EPM reconoció a este diario que Escobar Moncada, eventualmente, hubiese podido solicitar, como miembro de junta, una información más precisa sobre el funcionamiento de las centrales eléctricas o de las subestaciones, “sobre todo desde el punto de vista operativo”.

Hay coincidencias en que aunque no tuvo el tiempo requerido, la labor de Mateo hubiese sido valiosa para las Farc en el largo plazo, con el ánimo de conocer detalles y operaciones que no son del manejo permanente de cualquier ciudadano.

Ante esta situación los voceros del Comité Cívico de Seguimiento observaron que se requiere una Junta más técnica que política, de dedicación exclusiva y muy independiente, al estilo de la Junta del Banco de la República. “Esto es lo que debemos discutir ahora”, agregaron.

Según ese análisis, urge la verificación minuciosa de las hojas de vida y de los antecedentes de las personas candidatizadas y también definir una forma diferente de elección de la Junta.

“Se debe estudiar el fortalecimiento de la Junta, no solamente en la idoneidad y conocimiento de sus miembros, sino en la permanencia en el tiempo”.

El bajo perfil era la clave de su labor
Al margen de su posición a nivel regional, Mateo era ficha importante de las Farc para acceder a círculos sociales, de poder y académicos. Un requisito para alguien que hace inteligencia al servicio de cualquier organización ilegal es no tener antecedentes delictivos ni aparecer como simpatizante de causas que adviertan su peligrosidad ante “el enemigo”. Si Escobar Moncada tuviese antecedentes delictivos le hubiera resultado casi imposible llegar a la junta de EPM.

Una fuente militar señaló a este diario que Fredy Escobar encaja en el perfil de personas que guerrillas como las Farc estarían reclutando para ganar seguidores y espacio, en especial en las grandes ciudades.

“Es ejemplo del interés cada vez mayor de la guerrilla de contar con profesionales y personas con altos perfiles educativos, que no se relacionen con la lucha armada, que no despierten sospechas ni que se muestren como seguidores de su ideología, pues perderían su anonimato y capacidad de hacer inteligencia”.

Inteligencia militar conoce casos de personas cuyos estudios son costeados por la guerrilla, algunas de las cuales son enviadas al exterior a especializarse.

Reclutan jóvenes para las filas guerrilleras o legitiman la lucha armada en escenarios políticos, académicos y sociales. Por eso prefieren a estudiantes y profesionales de todos los campos, a quienes contactan en reuniones y eventos sociales a través de otras personas que sirven de gancho.

Cuando se topan con una persona que demuestra simpatía por la ideología socialista guerrillera, la invitan a un campamento fuera de las ciudades para comprometerla a defender “la causa”.

En algunos casos reciben algún tipo de instrucción en manejo de armas, para que se sientan parte del grupo, pero permanecen al margen del grueso de combatientes, dando y recibiendo información compartimentada, pues su lugar no está en los frentes de combate sino en la lucha ideológica. Su relación es valiosa: hacen inteligencia en las empresas donde laboran y en sus círculos sociales, además de analizar la realidad social desde su mirada profesional, para luego alimentar publicaciones del grupo que den peso a sus posiciones y proyectos políticos.




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