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El juego de la pelota

  • Juan José Hoyos | Juan José Hoyos
    Juan José Hoyos | Juan José Hoyos
19 de junio de 2010
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Dicen que el fútbol es algo más que un juego: es una metáfora de la guerra, sin armas; es un drama representado en una cancha donde unos ganan y otros pierden, como en la vida; es un sustituto civilizado de la política, de la lucha entre los hombres por derrotar a sus adversarios. Creo que el fútbol es todo eso y muchas cosas más. Para los empresarios es un negocio que mueve miles de millones. Para los jugadores es una forma de encontrarse cara a cara con el destino en cada juego. Para los aficionados, es su encuentro de cada fin de semana con la felicidad.

En mi vida, el fútbol es el recuerdo de muchos domingos felices, al sol y al agua, en las tribunas del Estadio Atanasio Girardot. Es un uniforme blanco y rojo cosido por mi madre para estrenar en el partido del domingo en la cancha del barrio. Son sus manos arreglándome el cuello de la camiseta y diciéndome adiós con una sonrisa y una bendición para que el equipo del barrio gane el partido. Es la mañana del sábado oliendo el perfume del jabón en el uniforme recién lavado y aplanchado; embetunando los guayos; probándome las medias; yendo al taller de bicicletas para inflar el balón.

Lo he recordado viendo los partidos del Mundial de Sudáfrica 2010 y leyendo " Sueños a la redonda ", el libro donde el periodista Gonzalo Medina recoge algunas de las mejores páginas que se han escrito sobre este deporte.

"Un juego plebeyo que conquistó el mundo con sus simbolismos primarios": así lo define el argentino Jorge Valdano. El jugador francés Michel Platini trata de explicarlo por la fuerza del amor: "La gente ama el fútbol. ¿Por qué lo ama? Voy a decirlo. Porque carece de toda verdad. No la tiene. El más fuerte nunca ganará contra el más débil. Es un deporte colectivo, es necesario ser fuerte a nuestro pesar. Forzosamente no es el más fuerte el que gana". El director de cine Pier Paolo Pasolini, en cambio, lo compara con un poema colectivo: "Cada gol es siempre una invención, es siempre una subversión del código. Cada gol es fulgor, estupor, irreversibilidad. Igual que un poema".

Los autores se preguntan si es un juego demoníaco o divino. Yo no sabría qué contestar. Creo que el fútbol tiene leyes que hay que observar, pero también es un juego en el que hay que contar con el absurdo, con los errores y, en algunos casos desafortunados, con la violencia. El gol es el rompimiento de todas esas leyes, pero sin acudir a la violencia.

Gonzalo Medina dice que cuando se habla del deporte como práctica civilizadora, "se marca un deslinde fundamental con la concepción antigua que le daba al vencedor la facultad de disponer de la vida del derrotado. Al estar regido por un reglamento riguroso, la confrontación deportiva se concibe con el fin de que los rivales se hagan el menor daño posible. Mientras la postura antigua asumía el deporte como una guerra real -destruir al contrario- la mirada civilizatoria entiende el deporte como una metáfora de aquella".

Para el cronista Luis Tejada el fútbol es el deporte más espiritual. Comentando el triunfo de Uruguay en uno de sus primeros partidos mundialistas, a comienzos del siglo XX, escribió: "Un buen juego de pelota requiere, como casi todos los deportes, algo más que la fuerza bruta y que la agilidad puramente animal; podría decirse que estas cualidades, en vez de ser necesarias, son contraproducentes; antes que eso o fuera de eso, es indispensable poseer una conciencia superior, una culminante madurez espiritual, una difícil aptitud intelectual para la disciplina, para la acción regulada, coordinada, sujeta a un sistema previo. Siempre, el desordenado ímpetu, que caracteriza al bárbaro, cae vencido ante esa conciencia lúcida, fruto de laboriosas selecciones, del hombre que sabe sujetarse a un orden predeterminado, que se resigna inteligentemente a ser sólo una partícula activa dentro de un plan general de acción; del hombre que tiene el sentido de la disciplina, sentido esencialmente civilizado, porque es esencialmente espiritual, porque significa el triunfo de la inteligencia solidaria, de la inteligencia social, sobre los instintos individuales más violentos y rudimentarios". Como Tejada, yo amo el fútbol y odio la guerra. También detesto la política cuando se practica como un deporte sangriento. Por eso, me quedo con el fútbol.

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