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EL JUEGO DEL MATRIMONIO

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02 de noviembre de 2014
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(Columna escrita a cuatro manos con Luis Annunziata, a quien desconozco )

¡Siguienteee!

- Buenos días, señor juez, queríamos pedir un turno para casarnos.

- ¿Nombres?

- Antonio y Juan Jiménez.

- ¿Jiménez? ¿Son familiares?

- Si, somos hermanos.

- ¿Hermanos? No pueden casarse.

- ¿Por qué no? ¿No están dando licencias de matrimonio a parejas del mismo sexo?

- Si, a miles. Pero no a hermanos. ¡Eso es incesto! No me importa que sean ustedes homosexuales, pero sí que sean hermanos.

- ¿Homosexuales? No, nosotros no somos homosexuales.

- ¿No son gais? ¿Entonces por qué quieren casarse?

- Por los beneficios fiscales que reporta, por supuesto. Y además nos queremos. Por otro lado, no tenemos más pretendientes.

- Pero estamos dando licencias de matrimonio a parejas de gais y lesbianas a las que les ha sido denegada una protección equitativa ante la ley. Si ustedes no son gais, pueden casarse con una mujer.

- Un momento. Un gay tiene el mismo derecho a casarse con una mujer que yo. Pero solo porque yo no soy gay no significa que me quiera casar con una mujer. ¿Es que nos va a discriminar porque no seamos gais?

- De acuerdo, de acuerdo, aquí tiene su turno.

¡Siguienteee!

- Hola. Estamos aquí porque queremos casarnos.

- ¿Nombres?

- Abelardo Pérez, Mauricio Singue, Marta Posco y Matilde Venticuolo.

- ¿Y quién se quiere casar con quién?

- Todos nos queremos casar con todos.

- ¡Pero si son cuatro!

- Correcto. Verá, es que somos bisexuales. Yo amo a Abelardo y a Marta y Matilde y Mauricio me quieren a mi y a Marta, Marta me quiere a mi y a Matilde y Matilde quiere a Abelardo y a Marta. Casarnos todos juntos es la única manera que tenemos para expresar nuestras preferencias sexuales en el matrimonio.

- Lo siento, solo estamos dando licencias a parejas de gais y lesbianas.

- ¿O sea que están discriminando a los bisexuales?

- Bueno, en algún sitio tiene que estar el límite...

- ¿Quién lo dice? No hay razón para limitar el matrimonio a las parejas. Cuanto más amor, mejor. Además, ¡exigimos nuestros derechos! La Constitución garantiza la misma protección para todos bajo la ley. ¡Denos nuestro turno para casarnos!

- De acuerdo, de acuerdo, aquí la tiene.

¡Siguienteeee!

-Señor, quiero casarme con Lucas, mi perro.

-Pero está loco, no caso con animales.

-¿Me va a negar el derecho inalienable a ser feliz? Nos amamos, dormimos juntos, no nos decimos mentiras, somos fieles, qué más quiere.

-Bueno, somos gay, así que no se niegue.

-Pasen pues, pero mire, Lucas se orinó en la puerta.

¡Siguienteee!

-Buenas, venimos a que nos case a mi novia y a mi.

-Noo, ¡lárguense! ya no aguanto más, el matrimonio no es un juego, él con él, ella con ella, él con ella. ¡No más matrimonios raros, renuncio!.

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