La única forma para un país abastecerse y tener la capacidad de exportar es apoyando al industrial en todas sus diferentes actividades.
En el caso del sector agropecuario, comparándonos con otros países latinoamericanos para no irnos muy lejos, respecto de los asiáticos y europeos, vemos con gran preocupación el futuro de la agroindustria colombiana.
El campo rural colombiano, como ningún otro en el mundo, ha sufrido los embates en los últimos cincuenta años de violencia política, guerrilla, narcotráfico, paramilitarismo, bandas criminales, y hasta del mismo Estado, por políticas equivocadas, teniendo en cuenta en este recorrido las inclemencias del clima, inundaciones, efectos de El Niño y de La Niña, y desplazamientos forzados de pequeños y grandes empresarios.
No se ve clara la discriminación que el Gobierno actual quiere hacer con los que de una manera empresarial quieren hacer patria, creando empleo en el campo colombiano, haciendo énfasis en ayudar al pequeño y mediano, discriminando al gran empresario que corre los mismos riesgos, al invertir en las zonas rurales, productoras de alimentos.
La FAO, como organismo internacional del sector, está preocupada y así lo dice en los informes por el desabastecimiento en alimentos a escala mundial en un futuro próximo, si no se fomenta el sector agrícola en todos sus tamaños.
Colombia puede llegar a ser grande en producción por su situación estratégica y estar en el trópico. No vamos a perder el camino recorrido y las posibilidades de ser la despensa de América.
También se observa con preocupación que algunos empresarios colombianos se vayan a invertir a otros países latinoamericanos en cultivos del sector agrícola, creando empleo extranjero, ante el apoyo, incentivos y créditos blandos para el que produce alimentos, sin los riesgos climáticos y de seguridad que en Colombia se presentan.
Hay que apoyar el minifundio. El manejo del pequeño y mediano agricultor es definitivo y se debe incrementar con políticas de fomento y tecnología, además de subsidios y dirección, pero no olvidar lo que genera para el país en empleo, seguridad alimentaria y riqueza, el gran empresario agrícola y pecuario. Hay que darle el respaldo y la oportunidad.
Está bien que se actúe con precaución en el manejo de los créditos de fomento y los subsidios, pero no es sano discriminar al gran cultivador y empresario del campo, como si todos los que generan empleo rural fueran pícaros o irresponsables. Por ahí no es la cosa.
Hay que dejar la prevención y hacer la gestión en bien de la estabilidad, el empleo en el campo y el crecimiento del país.
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