
La Infraestructura, hacia un plan estratégico de largo plazo
La infraestructura es uno de los sectores que avanza más rápidamente en la economía colombiana y es uno de los determinantes esenciales de la competitividad del país. Esta "locomotora", como la denomina el nuevo Plan de Desarrollo "Prosperidad para todos", está llamada a ser dinamizadora de la inversión, del crecimiento económico y de la competitividad de nuestro país.
Ante los retos que tiene Colombia, como la necesidad perentoria de integrar el territorio nacional, la transformación productiva para ser un país próspero y la internacionalización, es inaplazable el avance acelerado en las obras estratégicas de infraestructura.
El país se encuentra rezagado en comparación con países más pobres y de menor población y nivel de desarrollo. La construcción de dobles calzadas y el avance en los sistemas de transporte masivo son la gran apuesta que tiene el gobierno en el nuevo Plan de Desarrollo, además de la articulación del transporte intermodal (vial, férreo y fluvial) que al no estarlo, ha restado competitividad a nuestras empresas y ha generado aumentos en los costos del transporte.
Sin embargo, es necesario romper en forma drástica con muchos vicios del pasado, dejar de actuar bajo el imperativo de la improvisación y de las situaciones de coyuntura, articular los regímenes de contratación pública y privada dentro de un marco legal que se haga cumplir y que erradique o por lo menos, reduzca en forma significativa, la corrupción perniciosa y agobiante que tantos males le ha causado al país.
Para dar ese giro que Colombia necesita con urgencia y que propone el Plan de Desarrollo, hay que elaborar un verdadero plan estratégico de largo plazo en infraestructura, lo cual implica una reestructuración institucional de fondo como uno de sus primeros y más esenciales pasos sobre los cuales se cimienten en forma sólida los procesos, proyectos y metas que demanda nuestra sociedad.
La Agricultura, tras la reducción de costos y gastos
De acuerdo con el Plan de Desarrollo, el reto que para este cuatrienio tiene la agricultura colombiana, como locomotora del desarrollo, es alcanzar, gracias a un crecimiento sostenido de la producción sectorial, un crecimiento por encima del promedio nacional. Para ello se establece que "la competitividad es el determinante fundamental del modelo de crecimiento y desarrollo del sector".
El Plan define que el eje de la política agropecuaria lo constituye "el mejoramiento de la productividad y la reducción de los costos de producción y comercialización".
De esta forma, con los instrumentos de la política sectorial se busca la superación de las barreras que "impiden mejorar los niveles de competitividad".
A partir de la definición del enfoque de política, se establecen, de manera juiciosa y pertinente al mismo, los correspondientes lineamientos estratégicos. Estos tienen que ver, entre otros, con la promoción de los encadenamientos y la agregación de valor; la ampliación y la diversificación de los mercados; la gestión de riesgos y la promoción de la inversión; y la adecuación institucional.
Infortunadamente, el planteamiento del Plan ignora el hecho de que, para reversar la tendencia de bajo crecimiento sectorial, se necesita plantear un cambio de modelo y afectar los problemas estructurales que aquejan el desarrollo de la agricultura colombiana. La tierra, por ejemplo, debe dejar de ser un bien de acumulación y valorización, para convertirse en un factor productivo; el uso del suelo debe dirigirse a la explotación de las ventajas comparativas; y los incentivos deben premiar la producción basada en dichas ventajas al igual que la diversificación productiva.
Además, las políticas propuestas dejan por fuera la necesidad esencial de que los habitantes rurales realicen, de forma digna, sus proyectos de vida en el campo.
Tampoco se asegura un desarrollo sostenible ambientalmente. Al final, todo se centra en realizar ajustes a la misma locomotora que hemos utilizado durante las últimas décadas.
La Vivienda necesita más liderazgo regional y local
Vista como una fuente de generación de empleo y de inclusión social, la vivienda es uno de los pilares del plan de desarrollo de la Administración Santos. Los grandes retos se centran en la generación de nuevas viviendas para cubrir el déficit habitacional en las áreas urbanas y, como dejó en evidencia la ola invernal, la construcción en áreas seguras de más de 400.000 viviendas hoy construidas en zonas de alto riesgo no mitigable.
La construcción requiere de un alto componente de uso de mano de obra no calificada, además de ser un gran demandante de otros bienes (barro, loza, porcelana, madera, metalurgia...), haciendo de la vivienda un elemento dinamizador de crecimiento con generación de empleo.
Por esto el gobierno se ha comprometido a la creación de macroproyectos de vivienda que no solo darían habitación digna a muchos colombianos (casi un millón 500 mil), sino que se contarían con lugares de recreación, salud y educación.
Ante este optimismo, ¿en dónde estaría el problema? Obviamente como creemos será una constante de este Plan de Desarrollo, el problema radicará en su implementación. Debido a la transversalidad que tiene el sector de vivienda, no solo en lo político (municipios, gobernaciones y gobierno nacional involucrados en la toma de decisiones) sino en lo económico (mercado de tierras, mercado de trabajo, informalidad, desplazamiento, conflicto armado, para mencionar algunos), la coordinación y el liderazgo serán claves para poner en marcha esta locomotora. La implementación efectiva y eficiente de macroproyectos y reubicaciones necesitará de lo que Colombia ha carecido, de personas líderes y honestas que estén apoyadas en una institucionalidad adecuada y que sean capaces de sobrepasar los obstáculos del clientelismo, la corrupción, y las amenazas de todo tipo y poner el bien común por encima del individual.
Por ahora, a nivel del gobierno nacional nos sentimos bastante tranquilos en este aspecto, pero ¿si podrá el nivel local y regional contaminarse de dicho liderazgo? La respuesta a ello nos dirá si la locomotora de vivienda podrá ser puesta en marcha o será un elefante más de tantos que nos encontramos viajando por Colombia.
La Minería, una locomotora pesada y sin motor
Sin duda, la minería en Colombia y en el mundo cada día adquiere una mayor trascendencia para el crecimiento económico y el desarrollo sostenible. Este sector ha representado cerca del 8% del PIB y se ha convertido en el principal renglón de las exportaciones y aporta un importante volumen de recursos a muchos municipios como regalías por la explotación de hidrocarburos y minerales. De otro lado, desde la óptica ambiental, el impacto de la explotación minera, tanto legal como ilegal, viene dejando una secuela lamentable de deterioro de los recursos naturales que está comprometiendo la calidad de vida de las generaciones futuras.
Estas realidades, propias de un sector que aún no tiene claro cómo va a conciliar el debate entre la necesidad de expansión a raíz del aumento de la demanda mundial, llámese del carbón, el oro o el petróleo y sus elevados precios en los mercados internacionales, y la urgente tarea de proteger los ecosistemas y la biodiversidad por la importancia estratégica derivada de los servicios ambientales que les prestan a sectores como la agricultura y salud; representan una de las mayores preocupaciones de la locomotora minera en el actual plan de desarrollo.
Junto a lo anterior aparecen otros temas que no se ven claros en esta estrategia del gobierno Santos y que son motivo de incertidumbre, por ejemplo, la regulación en la titulación de predios. Surgen otras preguntas: ¿cuáles son las hectáreas aptas para la minería y cuáles no? ¿Se ajustan los planes mineros a la definición de la estructura ecológica del país, la zonificación y ordenación de las áreas de reserva forestal?
Colombia presenta todavía una gran debilidad institucional en aspectos ligados con las concesiones de los títulos mineros, las licencias ambientales y los impactos a terceros por la vía de las externalidades negativas asociadas a problemas de contaminación y degradación de los suelos. Así mismo, temas cruciales como la garantía de los derechos fundamentales de los grupos étnicos y la responsabilidad institucional frente a posibles desastres naturales, constituyen una carga muy pesada para esta locomotora que difícilmente va arrancar porque sus motores -entiéndase, reglas claras-, no son visibles en el plan de desarrollo.
La Innovación, muy pocos aportes para grandes retos
En el texto del Plan de Desarrollo "Prosperidad para Todos", la innovación juega un papel central en la estrategia propuesta y los logros esperados. Según el sueño que inspira el Plan, se espera que los distintos sectores económicos conquisten mercados con "bienes y servicios de alto valor agregado e innovación". Además, la innovación es considerada como uno de los ejes transversales del Plan, y se afirma que el logro del crecimiento sostenido se basará "en una economía […] más innovadora". Finalmente, los nuevos sectores basados en la innovación constituyen una de las cinco "locomotoras del crecimiento".
El hecho de que el Gobierno Nacional haya incluido la innovación como uno de los factores fundamentales de la transformación y el desarrollo de Colombia, denota la clara comprensión que tiene el equipo de gobierno de que la incorporación creciente de conocimiento constituye uno de los principales factores del crecimiento.
Indiscutiblemente, la innovación está en el centro de la incorporación de nuevo conocimiento, pero para que ello se haga de forma sistemática y eficaz se necesita, entre otras cosas, disponer de unas sólidas bases de generación y difusión del mismo. Entre los elementos que constituyen estas bases están una robusta institucionalidad de ciencia, tecnología e innovación, y la formación creciente de capital humano de alto nivel de especialización. Colombia, como lo ilustra el Plan, no ha conseguido construir unas bases sólidas y los resultados obtenidos, en particular en innovación, son bastantes limitados y magros.
Las políticas propuestas en materia de innovación, aunque tienen interesantes aportes como es el caso del emprendimiento por oportunidad, la propiedad intelectual y la promoción de la competencia, las mismas mantienen, en su esencia, los instrumentos y la institucionalidad del pasado. Como se afirma, estas políticas no han producido la transformación deseada.
Esto es lo que hace pensar que, infortunadamente, la locomotora de la innovación no tendrá la potencia que el desarrollo del país demanda.
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