
DOS JÓVENES DISEÑADORES se la juegan con la creatividad en la creación de zapatos. El talento y el emprendimiento los unen.
Tienen los zapatos en común. Ella los hace de cuero, él reviviendo lo tradicional. También son jóvenes y emprendedores.
Catalina Duque es diseñadora y desde hace cinco años tiene su marca Caduto, ya con dos almacenes. Hace zapatos y marroquinería. Felipe Velásquez creó Montuno, desde este año.
Lo artesanal es su fuerte y sus alpargatas conquistan. Dos historias que van desde los pies hasta la cabeza.
Catalina tiene zapatos hasta en las paredes
Cuando empezó todavía estaba en la universidad. Había terminado el módulo de marroquinería y calzado y había sido como un flechazo de Cupido. Claro que a Catalina Duque le han gustado los zapatos de toda la vida.
Ella empezó a vender sus propios diseños, ahí de a poquito, como estudiante. Hasta que un día se fue para la Feria del Cuero a mirar y le presentaron a un señor de Estados Unidos, que le encanto lo que ella llevaba puesto y le hizo un pedido de mil bolsos. ¡Mil bolsos!, para ella, que ni siquiera tenía taller. Se le midió y después se vinieron más, en la ciudad y en el extranjero. Ahora Caduto ya tiene cinco años, dos almacenes y un montón de gente usando sus zapatos.
"¿Será la energía mía?", se ríe ella. Porque empezar una marca no es fácil y tiene sus días difíciles. La de ella ha crecido y tiene por qué sonreír.
Cada que hace unos zapatos se queda con ellos. Por eso ni para qué contar cuántos pares tiene. "Cuando la gente me los ve puestos, confían en mí. Dicen, si Catalina los tiene y se le ven bien, yo también los compro".
Sus zapatos son en cuero. Le gusta que sean cómodos, lo que no es contrario a modernos, coloridos y con su toque especial. Ella experimenta. Se va para el taller a mezclar, a ensayar, a mover aquí y allá. "Me encanta ir". Entonces se imagina algo, dibuja, le hacen el molde y comprueba si funcionan o no.
Y es que le fascina dibujar. Desde pequeña, cuando estuvo en Bellas Artes. "Si vieras mi casa. Está llena de cuadros de zapatos". Es pura emoción. Se le siente en la voz, que parece querer contarlo todo. Entonces se ríe. Quizá es como su vitrina, que tiene luz. Así, cuando está de noche, alguien pasa de pronto, se antoja y tiene que volver.
Alpargatas a domicilio para usar con cualquier pinta
Todo empezó por él, que es como "hippisudito" y se fue un día para la Placita de Flórez, se compró unas alpargatas y fue la sensación. Felipe Velásquez tiene la inquietud por lo artesanal y por revivir ciertos productos que ya no están. Entonces se inscribió en el Sena para estudiar calzado y empezó con su propia empresa.
Aunque ahora se llama Montuno, al principio fue Crespos, porque así le decían a él. Supo que no, que con ese nombre "no prometía mucho" y tampoco con el producto inicial: versiones muy campesinas, de suela de llanta, incluso.
Así que empezó a investigar, a preguntar, a ensayar y ya llegó al producto de ahora, que tiene driles, fiques, cabuya, crepé. "Un producto cómodo, que le aporte a la naturaleza".
El nombre que ya se quedó, viene de montaña. Felipe quiere que se sepa que su trabajo es hecho en Medellín, "de Antioquia para el mundo".
Lo que hace este joven, que también ha sido barman, mesero y hasta malabarista, son alpargatas, sólo que más modernas, más urbanas, sin dejar el lado artesanal. "No importa la pinta".
Desde hace siete meses este joven emprendedor empezó con su negocio y va por buen camino. Todo funciona con el encantamiento, el antojo. Lo novedoso. Así, aunque está haciendo sólo propuestas para mujeres, "ya muchos hombres me están pidiendo". Pronto vendrán para ellos. También mochilas y billeteras, porque Felipe tiene más ideas y sueños. "Montuno se quiere especializar en domicilios, que la gente no tenga que salir de su casa" y que las alpargatas vayan hasta sus pies. El proyecto, literalmente, es una tienda móvil, en una land rover que tiene.
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