El teniente Alejandro Osorio Pimentel tiene 26 años y una piel blanca. Pero ahora, 15 días después del accidente, su piel está más blanca; tan blanca, que pareciera brillar entre ese uniforme azul que usan los soldados para hacer ejercicio.
El teniente Osorio dice estar tranquilo, feliz, y da gracias a Dios porque la mina antipersonal (o artefacto explosivo improvisado, AEI, como lo llaman en las filas militares) solo destrozó su pierna derecha. Pudo haber sido más grave, pero él afirma que lo envolvió la gracia del Altísimo.
Sucedió en Ituango, cuando junto a sus hombres patrullaban los territorios donde están las Farc. De repente fue el estruendo, la explosión, "el levantamiento por los aires", y un terrible dolor que se acrecentó al tocarse y descubrir su pie pendiendo de un hilo. "Pero acá estamos para salir adelante", dice el teniente, en medio del caos mental de lo que será su vida en adelante.
Las minas antipersonal o AEI son el enemigo silencioso al que más temen los soldados y policías que a diario recorren los valles y montañas de Colombia. En cualquier recodo del camino se lo pueden encontrar y es fatal.
El general Leonardo Pinto, comandante de la Séptima División del Ejército lo describe como el combatiente perfecto pues no come, sabe esperar y hace daños irreparables en las tropas. "Las Farc se han perfeccionado en el uso de estos artefactos. Incluso parece que hubieran aprendido de grupos terroristas como Al Qaeda", enfatiza Pinto.
Ha causado mucho daño
El enemigo silencioso ha dejado más de 10 mil afectados en Colombia. Entre 1990 y enero de 2014 han resultado víctimas de las minas antipersonal y municiones sin explotar (MUSE), 10.628 personas.
Entre estas, 8.471 han quedado heridas y 2.157 perdieron la vida. Los más afectados son integrantes de la Fuerza Pública con 6.510 afectados y los civiles que han padecido este flagelo son 4.118 en el país.
Las minas antipersonal no discriminan sexo, color, raza o religión. Por eso los niños también son víctimas y 1.062 de ellos lo fueron mientras caminaban por los senderos de regreso a casa, cuando salían de las escuelas, o simplemente jugando en el campo con sus amigos.
El daño causado por las minas antipersonal ha sido tal, que en diversas ocasiones las diferentes organizaciones sociales solicitaron a las guerrillas que dejen su utilización, y han hecho un llamado a la mesa de negociación entre Gobierno y Farc para que incluyan de manera urgente el tema en la agenda. Angelino Garzón, vicepresidente de la República, ha hecho el llamado varias veces al Eln y las Farc para que cesen esta práctica.
En Colombia hay muchos tenientes Alejandros, y otras víctimas que por culpa de las minas diseminadas por los grupos armados ilegales palidecieron hasta parecer brillar y perdieron parte de su cuerpo, pero no el deseo de vivir.
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