
"Huela este musgo, mijo. Huele a ternura. Y es que Dios hecho hombre, el misterio que celebramos en la noche de Navidad, es la dimensión teológica de la ternura. La vida, la muerte, el amor, la soledad, el misterio, el más allá?, todo es un acto de ternura".
Me lo dijo alguna vez el padre Nicanor Ochoa, mi tío, quien, dados sus achaques de salud, otra vez en este diciembre se hizo construir en su pieza de enfermo un enorme pesebre para poder hacer la novena del Niño Dios desde la cama.
Como al tío le aconsejaron no hablar mucho, le comenté si quería que le leyera algunas reflexiones sobre la Navidad que Mariengracia, como fiel guardiana, había ido recogiendo de nuestras conversaciones. "Se las tengo copiadas aquí en este cuadernito, para poder leérselas cuando le lleguen los olvidos del alzhéimer" -me había anticipado la sobrina.
-Sea- dijo él. Y el azul desteñido de sus ojos se iluminó entre los escombros de sus párpados gastados.
-Es el aguinaldo de Mariengracia y mío, padre Nicanor. Es con gran cariño.
"La Navidad -me dijo usted en una oportunidad- es tiempo de soledades. Soledad honda, soledad de fondo, soledad que toca la raíz misma de la condición humana. Podemos llenar el aire de ruidos, de truenos y triquitraques, de cantos y de bullicio, pero no será posible nunca espantar ese aire de dulce melancolía que persiste en medio del jolgorio y del encuentro familiar o comunitario, religioso o profano, de las fiestas de Navidad".
Mariengracia adelantó con sus dedos unas páginas del cuaderno y me indicó que leyera un párrafo que a ella le había conmovido.
"El Pesebre es un misterio de soledad. Dios, que es por definición la antisoledad, se hunde en el musgo de esta soledad humana que es al mismo tiempo gracia y pecado, alegría y tristeza, desesperación y esperanza, egoísmo y donación, muerte y resurrección. Una experiencia que queda bien resumida en el desamparo de un niño recién nacido. Eso es: Dios, el Absoluto, la Trascendencia, la Infinitud, lo Indefinible, Aquel de quien no sabemos ni entendemos nada, en un recodo de la Historia se desgaja del cuerpo de una mujer e inaugura con un llanto la salvación de la humanidad".
"Tal vez no haya mejor símbolo de la soledad que un niño recién nacido. Símbolo de la soledad y el desamparo que significa ser hombre. Ahí, en ese primer quejido mínimo, arranca toda la historia de abandonos y búsquedas, de urgencias e incertidumbres, de ternuras y de odios, de amores y de violencias, de llantos y de alegrías que acompañan la vida del hombre sobre la tierra. Todo nacimiento es milagro y tragedia. Y tal es la Navidad: un milagro que redime la tragedia de nuestra soledad".
El padre Nicanor se había quedado dormido.
"Que pueda dormir tranquilo un buen rato es el mejor regalo que le podemos hacer", susurró la sobrina.
Y salimos de la pieza. Ya en el corredorcito, a la luz del ocaso, mientras la prima me traía un tintico, leí algo más de los pensamientos navideños del tío:
"No es sólo la nostalgia que huele a musgo de los viejos pesebres, sino la apacible aceptación del destino solitario del ser humano, que empieza a tener sentido desde el momento en que la divinidad se mezcló con nuestra sangre. Y entonces los horrores de la desesperación se iluminan de esperanza. La eternidad empieza aquí y ahora, en la Historia. El amor es posible y es posible la alegría. Y es posible el perdón.
La vida del hombre no es una pasión inútil, como dijo Sartre. La soledad ha sido redimida. Un niño -un Niño- llora en el fondo de la noche. Es Navidad. Qué hermoso villancico es el silencio prosternado ante el misterio".
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Don Ernesto: Sus artículos son una mezcla de gracia, espiritualidad y ternura, cualidades que seguramente lo adornan a usted. Que el Niño Dios nos lo conserve por muchos años para satisfacción y tranquilidad de su querido “tío”y de “Mariengracia”, para orgullo del periódico y para alegría de todos los que disfrutamos de sus artículos y lo tenemos como nuestro columnista preferido. Que Dios lo bendiga. Samuel Calderón Salazar
Me tomaré uno chorros por el Padre Nicanor, por Mariengracia... y por Ernesto, También. ¡Feliz navidad!
Mi estimado padre Ernesto: Yo creo que va siendo hora de que el simpático pero anticuado padre Nicanor fallezca en paz y usted recupere su nombre y su ministerio sacerdotal, así sea solo para efectos periodísticos. Feliz Navidad!
¿Vos qué vas a hacer cuando se muera el padre Nicanor?
FELIZ NAVIDAD DON ERNESTO, QUE DIOS LO CONSERVE MUCHOS AÑOS MÁS PARA DELEITE DE SUS LECTORES. TÓMESE LOS GUARITOS CON "SU TÍO Y SU PRIMA" VIRTUALES, AUNQUE SEAN POQUITOS,PERO CON ESE SABOR A BONDAD QUE LA ESPIRITUALIDAD SABE COMUNICAR. JORGE ESCOBAR EUSSE.


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