Se necesitan agallas para que una mujer que, por razones religiosas y culturales, deba ocultar su cuerpo con un burka y servir abnegadamente a los hombres, decida ser candidata a la presidencia de su país.
Ese es el caso de Fawzia Koofi, activista afgana que se convirtió en figura pública al ser elegida diputada en el 2005, ocupando la vicepresidencia del Parlamento hasta el 2010, año en el que fue reelegida como representante.
Con una fuerte presencia en internet, la historia de esta mujer de origen humilde, que no pudo asistir a la escuela construida por su padre debido a prejuicios morales y religiosos, es ahora conocida en todo el mundo.
De acuerdo con la cadena BBC , esta afgana de cejas pobladas, cuyas facciones están siempre condicionadas por el burka, anunció su candidatura para las elecciones presidenciales de 2014.
Su lucha comenzó en la norteña provincia de Badakhchan, cuyas zonas rurales son habitadas por comunidades conservadoras.
Fue allí donde germinaron los sueños de cambio de la joven Koofi, entre cuyos principales detractores, paradójicamente, se encontraban las mujeres.
"A veces las mujeres son las más reacias a aceptar que hay otro rol que pueden jugar, por lo que son las peores enemigas para las que quieren ocupar cargos políticos", señala el profesor del departamento de Justicia de la Universidad Americana de Washington, Emilio Viano.
El experto encuentra loable que las mujeres ocupen un nuevo lugar en la sociedad afgana, pero aseguró que tras su figuración política se encuentra Estados Unidos y las fuerzas de la Otan que, en sus palabras, pretenden dotar al Gobierno postalibán de una fachada de inclusión.
Apreciación con la que no se identifica Barmak Pazhwak, experto en Oriente Medio del Instituto de Paz de Estados Unidos, quien afirma que ella cuenta con un genuino apoyo social en su provincia, aunque descartó que llegue a ser Presidenta.
"No creo que sea una personalidad política con atractivo nacional. Es joven y sin mucha experiencia", aseguró Pazhwak a este diario.
El experto añadió que a esos obstáculos se suma un legado de 30 años de influencia talibán, durante los que se negaron los derechos de la mujer, sobre todo durante la época en que gobernaron, entre 1996 y 2001, antes de ser expulsados por E.U. y las fuerzas de la Otan.
Y es precisamente ese el temor de Koofi: que los efectivos de los ejércitos occidentales dejen el país, según lo expresó en una entrevista a la periodista Lorna Dueck: "Creo que si esta guerra no se termina de forma apropiada, las consecuencias de inseguridad en Afganistán pueden convertir el país en un lugar apto para el terrorismo", manifestó frente a las cámaras.
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