En Buenos Aires la preocupación se siente. En las calles la gente camina rápido y se tapa con bufandas. En los buses, en los trenes y en el metro todos miran desconfiados. El temor a contagiarse con la gripa A tiene a los porteños preocupados.
Y no es para menos. En menos de una semana la cifra de contagiados habría pasado de 1.587 a 100 mil. Y las muertes llegaron ayer a 44, aunque los números extraoficiales hablan de 56 víctimas.
Sin duda, este crecimiento de contagios, que ubicaría a Argentina como el primer país del mundo en personas que portan la enfermedad, generó críticas de todos los sectores. Para muchos, el Gobierno no actuó de la manera correcta para afrontar la epidemia y, además, habría ocultado información.
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner llamó ayer a los medios “a no generar pánico en la gente” y a “ser responsables con un tema tan complicado”. Y su nuevo ministro de Salud, Juan Manzur, especificó, en otra confusa presentación de cifras, que los casos en estudio serían de 320 mil, aunque los verdaderos contagiados son 2.800, según muestras de laboratorio.
Sin embargo, la renuncia, el lunes pasado, de la ministra de Salud, Gabriela Ocaña, quien habría recomendado aplazar las pasadas elecciones legislativas del 28 de junio pasado, llenó de dudas la información oficial entregada sobre la epidemia en el país.
“Acá nos están mintiendo. Nadie estaba preparado para esto y menos el gobierno. Mirá que uno va comprar alcohol en gel o barbijos (tapabocas) y no hay por ningún lado”, dijo Jorge Rubio, empleado que fue hasta una farmacia de la calle Santa Fe y no encontró lo que buscaba para protegerse un posible contagio.
Como Jorge, cientos de personas entran y salen de las droguerías con mal humor porque no hay tapabocas en ninguna parte de la ciudad. “Esto es una vergüenza. Acá pasa cualquier cosa. Lo que menos importa es la gente y ya se le salió de las manos al Gobierno”, comentó, disgustada, Julieta Romero, estudiante universitaria.
“El Gobierno es responsable del aumento de casos. Por no aplazar las elecciones, que ya había adelantado dos meses, hizo que se concentrara mucha gente en la votaciones y crecieron los contagios”, sostuvo Diego Mazza, mensajero que trabaja en el centro de Buenos Aires.
Suspenden clases Las clases en colegios de 17 provincias argentinas fueron suspendidas hasta el 13 de agosto y en diferentes universidades ya se hizo efectivo el receso hasta los primeros días de agosto. Otra de las actividades que se cancelaron fueron los tradicionales viajes de egresados a la ciudad patagónica de Bariloche.
Sin embargo, las actividades en cines, teatros no se pararon. Tampoco la final del fútbol profesional de primera división, entre los clubes Vélez Sarsfield y Huracán, que se jugará este domingo en el estadio del primero.
“Sabemos que la salud pública está por encima de cualquier espectáculo deportivo. Nosotros estuvimos siempre dispuestos a aplazar el partido si era necesario”, afirmó Fernando Raffaini, presidente de Vélez. Sin embargo, la final se dispiutará en un estadio repleto y con cerca de 50 mil espectadores.
Por el momento, los canales de televisión pasan, de manera constante, diferentes comerciales sobre prevención para no contagiarse y las cadenas de radio hace recomendaciones a sus oyentes.
Mientras crece la paranoia en Buenos Aires, ayer, la presidenta Fernández de Kirchner, en una visita al hospital de la localidad de Malvinas Argentinas, en la provincia de Buenos Aires, anunció medidas y dijo que “los barbijos (tapabocas) no sirven para nada”. |