Honduras parece caminar de nuevo por el sendero de la integración. Tras ocho meses del golpe de Estado que derrocó a Manuel Zelaya y ahora con Porfirio Lobo como nuevo timonel, el país centroamericano logra, poco a poco, que el mundo vuelva a confiar en sus instituciones y en su proceso político.
El presidente de Brasil Luiz, Inacio Lula da Silva, convertido en los últimos años en vocero internacional de Suramérica, expresó ayer su intención de retomar el diálogo con Honduras y pidió que la nación de Lobo sea admitida de nuevo en la Organización de Estados Americanos (OEA).
Según Marcelo Baumbach, portavoz del gobierno brasileño, Lula espera que la Cumbre del Grupo de Río, que se celebrará la próxima semana en México, sea el escenario para definir las posturas del hemisferio respecto a Lobo y Honduras.
Aunque Brasil aún no reconoce plenamente el gobierno de Lobo, Baumbach insistió que su país trabaja por estados y no por gobiernos, por lo que mantiene su embajada en Tegucigalpa y luchará por normalizar las relaciones con el país centroamericano y la unión de América Latina.
Brasil insistió que para que se normalicen de forma total las relaciones con Honduras "deben ser tomadas algunas medidas internas, como la creación de una Comisión de la Verdad y el retorno de Manuel Zelaya al país", según Baumbach.
Colombia se acerca
El nuevo espaldarazo de Brasil a Honduras se suma al que, desde la elección de Porfirio Lobo el año pasado, le dieron Estados Unidos, Panamá y Colombia.
Justamente el gobierno colombiano aseguró esta semana que ya trabaja de manera unida con Honduras en temas trascendentales como la lucha contra el narcotráfico.
El canciller Jaime Bermúdez firmó un acuerdo con el ministro de Seguridad de Honduras, Óscar Álvarez, para compartir la experiencia de seguridad y de lucha contra el crimen organizado.
Desde que Lobo asumió el poder el 27 de enero, países como Francia, Alemania, Italia, Canadá, Israel, Costa Rica y República Dominicana han mostrado su interés en que se termine con el bloqueo político que se le impuso a Honduras tras el golpe de Estado.
El reconocimiento internacional avanza a tan buen ritmo que incluso ayer el gobierno nicaragüense de Daniel Ortega, férreo crítico de cualquier solución hondureña que no incluyera a Manuel Zelaya, aseguró que quiere llegar a un acuerdo con sus vecinos.
"Al mismo tiempo que estamos conscientes de la necesidad de regularizar las relaciones con Honduras, demandamos con firmeza que se realice bajo condiciones establecidas de común acuerdo y cien por ciento verificables", dijo Santos.
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