El caso del taxista en Bogotá, que pasó en minutos de ser un conductor servicial al delincuente más buscado por la Policía debido a un mensaje irresponsable de una usuaria que pretendía "pasarse de divertida" alertando de ser víctima de un "paseo millonario", demuestra que hemos perdido las proporciones y el respeto por los demás.
No de otra forma puede aceptarse que alguien pretenda hacer una broma poniendo en riesgo la integridad y la honra de otra persona que, además, le prestó un servicio con responsabilidad y decencia. La periodista implicada en semejante abuso debe responder con creces el daño causado al taxista, pues no es suficiente que ahora diga que todo lo hizo de buena fe. El día de los inocentes no puede ser el día de los irresponsables.
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