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Javier Darío Restrepo

17 de mayo de 2009
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La columna semanal de Javier Darío Restrepo llegó a los lectores de EL COLOMBIANO con voz propia e independiente. Siempre aportó elementos de juicio para tratar de armar el rompecabezas de la realidad nacional, siguiendo el consejo de los pensadores griegos: más amigo de la verdad que de los amigos.

En su calidad de Defensor del Lector de EL COLOMBIANO nos dio lecciones de ética a los periodistas y fue mediador entre los lectores y el periódico.

Buscó, desde La columna del Defensor, unir a los lectores en la búsqueda de los propósitos de informar con imparcialidad, independencia, responsabilidad y servicio al interés general de la comunidad. Puso luces para que la información saliera de la encrucijada por el camino del equilibrio y la equidad, y no por el atajo.

Usó el tablero de la universidad y de las salas de redacción para explicar las claves de la metodología del periodismo y de las normas éticas del ejercicio profesional. Dosificó esas mismas enseñanzas en las páginas del periódico, con afán pedagógico para hablarle también a la conciencia de los lectores.

Alentó con obsesión el derecho a la palabra. Es un convencido de que con ella se enriquece la persona, la ciudadanía y la democracia, y, sin ella, se menoscaban la confianza, la credibilidad y la moral.

Valoró la información como un servicio y un derecho que se merecen los lectores. No como un poder ni una mercancía. Ponderó el papel del periódico para llegar a los lectores con información de calidad, en oposición a la opción de inmediatez, liviandad y sensacionalismo que ofrecen otros medios de comunicación social.

Izó las banderas del rigor y la exactitud. Conocedor de las veleidades de algunas fuentes de información y de la factibilidad de errar de los periodistas resaltó estos valores del periodismo, requisitos fundamentales del oficio, a la hora de mirar los hechos desde puntos de vista diversos, ojalá desde todos, para intentar reconstruir una forma de realidad que se parezca a la real. Insistió en las bondades de la terquedad al verificar los datos y las declaraciones y al contrastar las fuentes distintas y distantes.

Sembró en sus columnas convicciones para descubrir lo oculto que afecta a la sociedad, para rechazar manipulaciones y filtraciones y para animar a los lectores a la participación.

En su última etapa, Javier Darío Restrepo mantuvo el contrapunto en las páginas de opinión del periódico, con la pasión que no siempre compartí. Pero creo que de eso se trataba: de convenir o disentir.

He recibido mensajes de los lectores Walter Restrepo Rico, Julián Restrepo, Javier Viera Múnera, Natalia Arboleda, Jorge Arango y Ana María Quijano, en los que lamentan su ausencia como columnista de EL COLOMBIANO.

Gracias, Javier Darío.

*Defensor del lector de EL COLOMBIANO

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