Tuve la suerte de estar en medio de una conversación de jóvenes, mujeres y hombres que no sobrepasan los 28 años, y me quedé fascinada escuchando sus frases, la pasión que envolvía cada palabra para hacerla sonar con contundencia, aun cuando se quejaban de la forma como eran tratados en algunas ocasiones, justo por ser jóvenes.
El tema en cuestión ahora era el de la elección profesional, lo cual atrapó mi atención inmediata; todos están estudiando o recién han terminado sus estudios de maestría, son sin duda brillantes, sus lecturas del mundo están llenas de inteligencia y de propuestas alternativas, y todos se dedican al ejercicio de la docencia sea en universidades o en instituciones educativas de los niveles precedentes.
Una de ellas narraba cómo en una reunión académica el jefe descalificaba su propuesta al decir: "yo llevo 20 años acá y conozco de qué estamos hablando", a lo cual ella replicó airosa: "espero entonces cumplir los 19 años que me faltan para intervenir"; la historia se llenó de risas y nuevos comentarios. Otro decía con fino humor: "es raro ser colega de los profes y ser nombrado relevo generacional, no sé si a todos les gusta nuestra presencia".
Hablaron de su elección, de la atracción por ser maestros, de las "tentaciones" que los rodearon de entrar al mundo de los negocios o de la empresa, de los pinitos de alguna de ellas como ejecutiva de cuentas en una gran entidad bancaria, de conseguir mucho dinero, de que para ello también se necesitan "agallas", otra adrenalina. Era maravilloso encontrar los desacuerdos en esa conversación, cómo se alentaba la multiplicidad, no había elecciones buenas o malas, había elección sin más. Pensé: ésta es la divergencia más fecunda, la que no excluye, no desprecia, no impone.
Recordé entonces el "Programa de Inmersión a la Vida Universitaria" concebido como una propuesta formativa ofrecida a profesores recién vinculados en la Universidad de Antioquia. Ideado como el primer momento de una acción continua de acompañamiento institucional al profesorado, se propone integrar acciones de inducción, apoyo y fundamentación, y se desarrolla con base en actividades articuladas a casos y situaciones reales vividas a diario en la Universidad que propicien su comprensión mediante la interlocución con actores del ámbito administrativo, de la docencia, la investigación y la extensión, y con aspectos de la dinámica institucional que involucran tanto tópicos comunes como otros abiertos a intereses específicos de cada profesor a partir de rutas temáticas de formación.
Valdría la pena tener programas de inmersión para los profesionales que por sus méritos académicos o ejecutorias profesionales decidan ser profesores, programas que alienten su inclusión en las políticas de calidad para atraer deliberadamente a estos jóvenes brillantes como una de las premisas de calidad de las instituciones educativas y las universidades y generar incentivos que garanticen las condiciones que le devuelvan el prestigio a la profesión del maestro.
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