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Judocas de rutas distintas

04 de agosto de 2008
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Usted los ve de primerazo y no les encuentra parecido. Y, cuando conoce sus historias, se da cuenta que son totalmente distintas. Solo los une el judo y el tricolor nacional.

Mario Antonio Valles Velásquez tiene 31 años, cara de bravo, es alto, blanco, no muy fornido. Yuri Alvear Orjuela es morena, más pequeña, cuajada, con cara de muchos amigos. Ambos son los representantes del judo colombiano en los Juegos Olímpicos.

La historia de Valles, aunque con sufrimiento, ha sido cómoda. Tras terminar sus estudios mayores en Cali, su ciudad natal, se fue a probar aventuras a España. Y aunque la plata se le terminó, está radicado en ese país y ahora tiene una empresa de banquetes, según cuentan en la Liga Vallecaucana de Judo en Cali, donde se entrenó desde los 10 años.

La de Yuri es más típica. Nacida en Jamundí el 29 de marzo de 1986 hizo el camino habitual del deportista colombiano: a punta de sufrimiento y sacrificios (debió alejarse de su esposo, el atleta de velocidad Daniel Gruesso), Alvear salió adelante y se convirtió en la segunda clasificada a Juegos, una experiencia que tendrá por primera vez.

Yuri terminará este año sus estudios en la Escuela Nacional del Deporte y, por el momento, no necesita trabajar. "La meta es competir en los Olímpicos. Clasifiqué en el último campeonato y se dio todo gracias a Dios", explicó antes del viaje la deportista, entrenada por el cubano Ramón López Ferrer.

Valles, con su experiencia, y Alvear, con sus ganas, ya están reunidos en concentración. Su hogar temporal es Tokio, lejos de España y de Jamundí. Ellos, junto al entrenador Baudilio Hernández, van por el reto. "Estamos bien escalafonados en América, pero la pelea con los europeos y japoneses es dura. Vamos con mucha ilusión, pero conscientes de la dificultad del reto", explicó el entrenador a Colprensa.

El 12 de agosto, sobre el tatami (escenario) de Pekín, los dos deportistas colombianos olvidarán esas diferencias y saltarán a defender los colores del país. Y como el dicho, sin distingo de raza, credo, ni billetera.

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