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Colombia no es Egipto, pero lo que sí tenemos en común es el número de pirámides con que cuentan ambas naciones. Las recientes excavaciones en Egipto han logrado un nuevo hallazgo: se ha descubierto una de las pirámides más antiguas con cerca de 4.000 años de antigüedad destinada a revelar los secretos de una de las primeras dinastías. En Colombia las evidencias encontradas hasta ahora son de otra índole. Aquí las pirámides han puesto en evidencia una serie de características sociales, económicas y gubernamentales del pueblo colombiano. Una de ellas tiene que ver con el enriquecimiento rápido y fácil por el que optan numerosos ciudadanos, sin ningún tipo de consideración ética o moral. Una frontera que parece se perdió.
Sin embargo son muchos otros los hallazgos que bien vale la pena entender para saber qué es lo que realmente está sucediendo. De un lado los eventos han destapado la irresponsabilidad con que el gobierno miraba la situación y su ineficiencia para actuar, algo muy grave, más cuando las evidencias estaban a la vista. Así lo ha reconocido el mismo Presidente. Las críticas de numerosos sectores, todas válidas, no se han dejado esperar y el gobierno se ha visto contra la pared. Acusaciones van y vienen: que la Superintendencia no actúo; que quien no actúo fue la Fiscalía; que éste era un caso para el gobierno o las autoridades de policía; que no, que quienes debían haber actuado eran los alcaldes. En fin, la verdad es que todos pasaron de agache mostrando desidia e ineficiencia.
La reacción extemporánea del gobierno, declarando la emergencia social para poder expedir una serie de decretos que le permitan intervenir las pirámides y ponerle fin a la captación de dineros de manera irregular y devolver a los miles de incautos ahorradores sus recursos, son medidas que no van a reversar el daño ya causado, sin embargo serán útiles para que en el futuro esta situación no se vuelva a repetir. Insistentemente se ha dicho que muchos funcionarios hacen parte del sistema de las pirámides. Un escándalo que aún está por descubrirse y que no tendría nada de extraño en este déficit ético en que nos encontramos. También han salido a flote los vacíos e ineficiencias del sector financiero. En las actuales circunstancias es imposible para los pobres acceder a créditos acordes a sus condiciones, el valor del dinero y los requerimientos para lograr un préstamo los lleva a caer en manos de agiotistas o a poner sus escasos ahorros en la ruleta rusa de las pirámides. En tanto las utilidades de los banqueros son excepcionales. Este debate apenas comienza, pero desde ya plantea al gobierno y al sector financiero la urgente necesidad de buscar salidas que le permita a esta gran mayoría de ciudadanos, por lo general los más pobres, acceder a créditos y sistemas de ahorro equitativos dentro del sector formal.
Hoy el lío es mayúsculo, las plazas de las ciudades se llenan de manifestantes, unos para apoyar a DMG, empresa que según la hipótesis del General Naranjo se dedicaba a lavar dineros del narcotráfico, y otros para pedir que les devuelvan el dinero. Es tal la confusión de nuestro pueblo que ya algunos manifestantes piden que el extraño empresario, gerente de DMG, sea uno de los candidatos a la presidencia. Extraña, en esta situación, ver a prestigiosos abogados buscando argumentos jurídicos para defender la causa de las pirámides. La profesión, creo yo, también tiene sus límites o si no apague y vámonos. El caso está lejos de poder cerrarse y vendrán argumentos y contra argumentos, lo cierto es que aún están muchas cosas por descubrirse. Al igual que en el antiguo Egipto, la profundización en las investigaciones nos depararán muchas más sorpresas.
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velezser
Comentario realizado el 20 de noviembre de 2008 - 11:47
Me parece el más acertado de los comentarios de opinión que he leído en el día de hoy en las páginas que he visitado. Sin embargo, aunque las críticas al sistema financiero son acertadas, me parece que están fuera de contexto, porque se tiende a pensar que el fenómeno de las pirámides ha sido generado por la exclusión de algunos del sistema Bancario. Me parece pertinente reflexionar cuestiones como: A quién fiaría yo sin exigir ninguna garantía. Cuántas veces he dicho que no a quien me pide que lo fíe. A quien le presto dinero incondicionalmente o hasta que suma y qué garantía le exigo que respalde su devolución.