Tal como se anticipaba, la última Cumbre de Unasur en Ecuador fue un fracaso: no produjo ningún acuerdo para solucionar la crisis entre Colombia y Venezuela ni fijó posición frente al narcotráfico y el terrorismo. Con esta actitud, el organismo se hizo el de la vista gorda frente a la presencia consolidada, activa y creciente de las Farc y del Eln en la nación vecina, tal como quedó demostrado en la OEA, el pasado 22 de julio, y con las nuevas pruebas que llevó el Canciller colombiano, Jaime Bermúdez, al foro suramericano.
El poco o nulo interés de algunos países para combatir el narcoterrorismo es una realidad. Parecen no entender que no es un problema exclusivo entre Colombia y Venezuela, sino también una amenaza para la estabilidad de la región. Nos negamos a creer que algunos gobernantes hagan primar las formas diplomáticas sobre los verdaderos asuntos de fondo.
Nos asombra e indigna aún más la acomodada posición del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, al afirmar que las diferencias entre Colombia y Venezuela son "un caso de asuntos personales". Lula muestra un particular interés en minimizar el asunto, ya que en su afán de consolidarse como un líder mundial no quiere apostarle a lo que considera una pelea de vecinos, que bien puede arreglarse entre ellos. Desconcierta, también, la ausencia premeditada del secretario General de Unasur, Néstor Kirchner. ¿Acaso la paz de la región no es un tema de su incumbencia? ¿No creen que el narcoterrorismo sea un crimen transnacional? Con esta intencionada indiferencia, ¿cómo quieren jugar en las grandes ligas civilizadas?
Era obvio que el gobierno de Venezuela solicitara una reunión de Unasur, ya que este foro le podría ser favorable. En efecto, el canciller Nicolás Maduro boicoteó un documento de consenso en el que estaba incluida la petición de Colombia de crear un "mecanismo de cooperación eficaz y de verificación de la presencia de guerrilleros en Venezuela". ¿Será que algunos Estados no creen que el narcotráfico y el terrorismo son una realidad que se está expandiendo por todo el continente? O, más grave aún, ¿acaso es eso lo que pretenden?
También resulta desconcertante y paradójico que se sitúe gran parte del debate regional, no en la gravedad del asunto -la guerrilla colombiana asentada en Venezuela- sino en la pertinencia o no de que tal denuncia la haya hecho quien finaliza su mandato, el Presidente Uribe. Es irónico que la OEA y Unasur le den largas a una cuestión trascendental para la convivencia pacífica de los ciudadanos americanos. ¿Cuál es entonces el papel de estas instituciones? ¡Creemos que se han agotado en su ineficacia!
Quien sí ha entendido a cabalidad las denuncias de Colombia en la OEA y la falta de respaldo a Uribe es el prestigioso diario estadounidense The Washington Post , que en su editorial de ayer señaló: "El señor Uribe, quien ha dedicado su presidencia a rescatar a Colombia de las manos de grupos delincuenciales de izquierda y derecha, está profundamente frustrado con el constante apoyo venezolano hacia las Farc, y el fracaso de la comunidad internacional para responsabilizar a Chávez".
Esperamos que nuestra Nación no siga sola en la dura lucha contra el narcoterrorismo y que en la próxima Cumbre Presidencial de Unasur sí prime el bienestar de los pueblos. No la débil y "babosa" diplomacia, ni las posiciones ambiguas. Y mucho menos, los caprichos personales o los delirios de grandeza de algunos gobernantes.
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