Santiago Roncagliolo es un asesino frustrado. Tal vez por eso se volvió escritor y le gusta tanto la novela negra, aunque él no es de un solo género ni de un solo estilo. Le gusta experimentar.
La novela anterior, Óscar y las mujeres, se publicó primero por entregas en internet. La de ahora, La pena máxima, es un thriller que sucede en Perú durante el Mundial de 1978, y en el que retoma un personaje, Félix Chacaltana, de una de sus obras más conocidas, Abril rojo. El próximo libro será de cuentos.
Santiago Roncagliolo es el escritor del apellido impronunciable, según la leyenda que hay en su familia. No obstante, después de que se aprende, ya no se olvida.
Retoma a Félix Chacaltana, el protagonista de Abril rojo. ¿Por qué, fue que le dijo que no había terminado con usted?
"Yo le había dicho a Chacaltana que yo sí había terminado con él. Cuando tienes una novela tan exitosa como Abril rojo el problema es que te puedes encasillar y que la gente solo quiera otra novela con Chacaltana y yo tenía clarísimo que no quería hacer eso, todo lo contrario, he estado haciendo libros muy distintos, tratando de explorar, de correr riesgos, de seguir siendo creativo, pero esta vez tenía una historia muy buena sobre un hombre que nace en una guerra, muere en otra, y que en el fondo son la misma guerra. No conseguía contarla, probé en primera persona, con tres narradores en distintos momentos y un día el fiscal Chacaltana se me apareció y me dijo, "por qué no la cuento yo". Yo le dije, "de ninguna manera, no quiero ser tu rehén, que toda mi carrera dependa de ti", y él dijo, "chico, quién estaba ahí en el 78, ¿tú o yo?". Se adueñó de la historia y cuando entró fluyó tan naturalmente que él fue el protagonista y el otro personaje, Joaquín Calvo, muere en la página tres (risas). Me ha alegrado estar con él. Chacaltana se ha vuelto un personaje muy popular y creo que encarna cosas, toda la inocencia de los latinoamericanos ante las atrocidades que nos ha tocado vivir y ese contraste entre nuestro candor y el horror de la realidad. Me he vuelto a encariñar con él, como lo hice en Abril rojo, pero que vaya a haber otra, depende de él y de que me vuelva a ganar la pelea o no”.
Eso explica que no siempre el autor tiene las riendas de los personajes...
"Lo bueno de la novela negra, sin embargo, es que cuando un personaje se está yendo de control, o se está portando mal, puedes matarlo y mueren muchos. Me encanta matar gente, pero como es ilegal, supongo que por eso me he vuelto escritor".
Vuelve al thriller, que Abril rojo también lo era...
"Sí, me gusta mucho el género. Creo que la novela negra es un gran género para hablar de la ambigüedad moral y la política es moralmente muy ambigua. Antes no, en el siglo XX, eras capitalista o comunista, todo era en blanco y negro, pero hoy en día todo es más gris, todo es más difícil de juzgar y de clasificar y eso es la novela negra. En el policial de siempre, el detective era bueno y el asesino era malo, pero en la novela negra ni el detective es tan bueno ni el asesino es tan malo, entonces es muy apropiada para hablar de temas políticos".
Esta novela tiene de fondo el Mundial del 78, que se jugó en Argentina, y ahora viene el de Brasil, ¿fue coincidencia presentarla ahora?
"Yo iba a sacar un libro de cuentos este año y la novela la terminé el año pasado, pero pensé que no había prisa por sacarla, solo que cuando los editores la leyeron dijeron (sube la voz), ¡qué bien, para el mundial!, y yo, aaa, claro, hay un mundial. Es posible que estén en la retaguardia mental, es el primer mundial en Suramérica después del de Argentina y es un buen momento para recordar cómo ha cambiado América Latina en estos años. El mundial de Brasil se realiza en un país con muchos problemas, pero democrático, y con una economía que crece. El de Argentina se realizó en un país que trataba de venderle al mundo la hermandad entre los pueblos y los derechos humanos, mientras torturaba y asesinaba, a muy pocas calles por cierto, del estadio de fútbol. Era muy apropiado históricamente para aprovechar y reflexionar sobre cómo hemos cambiado".
¿Y a usted sí le gusta el fútbol?
“Yo soy un fan, tengo una historia muy extraña. Perú siempre ha sido muy malo en fútbol y yo tuve una infancia difícil, mi familia era difícil, mi país era un lugar difícil, entonces decidí desde muy chico que por este tema del fútbol no iba a sufrir, que ya teníamos suficiente problemas para amargarme todos los domingos con lo malos que éramos. Vivo hace mucho en España y cuando llegué me hice del Atlético de Madrid porque eran los perdedores y les tenía simpatía, porque siempre bajaban a segunda división. Entendía sus sentimientos mucho mejor que al Madrid o al Barcelona, esos equipos que quedan subcampeones y echan al entrenador y se enfurecen, pero justo últimamente el Atlético de Madrid está ganando un montón y está demostrando que aunque seas muy pequeño, aunque tengas 400 millones de euros menos que el Barcelona de presupuesto, puede ganarle a los grandes, y esa es una lección no solo para el fútbol sino para la vida”.
¿Entonces se va a cambiar de equipo por uno que empiece a perder?
“No, me está gustando que gane, pero tranquila, empezaremos a perder. No crea que esto va a durar para siempre, 400 millones de euros son muchos euros”.
¿Y qué va a pasar con el libro de cuentos?
“Saldrá el próximo año, tengo muchas ganas de que salga, porque para una novela yo trato de construir todo un mundo, a lo mejor el Perú del 78, o el mundo intelectual, lo que sea, pero para mí los cuentos son historias muy personales. Mi manera de entender el cuento es lo que te podría contar una persona aquí sentada, un desconocido en un bar o en un bus y por eso siempre son muy íntimos y muy personales”.
En Abril rojo usted decía que encontró elementos históricos en su país para escribir. En La pena máxima pasa igual, el 78 es una época histórica en Perú...
"Claro, de hecho La pena máxima es la historia de un momento muy oscuro del Perú, que fue la colaboración de la dictadura peruana con la argentina. Sin duda la dictadura peruana de los años 70, ni por asomo fue tan criminal como la chilena o la argentina, pero cuando tu vecino es un asesino y tú no haces nada, terminas por ser su cómplice y eso pasó. Los argentinos le preguntaron a Perú si podían entrar a secuestrar a sus perseguidos, para llevarlos a Argentina para matarlos, y Perú dijo bueno, pero, por qué, ya que vas a entrar, no te llevas también a los nuestros y, aparte de perseguir a tiros a argentinos por las calles, aparte de torturarlos en instalaciones militares del Perú, los argentinos se llevaron a varios peruanos a Jujuy, para quitárselos de encima al régimen. Hoy en día hay una orden de captura internacional contra el presidente Manuel Bermúdez, el dictador que gobernaba en ese momento y que dice que Perú no participó en la operación Cóndor, y hay un presidente de los 80, Alan García, que también tiene un triste registro de derechos humanos, que dice que no participó, para que luego no lo miren, pero participó, y también para eso se escriben libros, para que no se olvide que sí hicimos eso y no deberíamos volverlo a hacer".
Hay algo que pasa en la novela y es que como todos están concentrados en el Mundial y los partidos, nadie se da cuenta del crimen. En Abril rojo el evento es la Semana Santa. ¿Hay ciertos eventos que tenemos para escaparnos con la realidad?
"Es una lectura interesante. Si quieres matar a alguien, mátalo durante un partido de fútbol, no se va a enterar nadie, y si se enteran no les va a importar... Yo creo que son una manifestación, en el caso de la Semana Santa de nuestra espiritualidad y en el caso del fútbol, de nuestro nacionalismo. Son espectáculos masivos en los que escenificamos lo que sentimos y por eso me interesaba recogerlos y ambientar en ellos las novelas. Al final, cuando vemos los partidos de fútbol, encarnamos en ellos nuestras peleas nacionales. Cuando teníamos peleas con Ecuador, lo que más nos molestaba era perder con Ecuador. El fútbol es un rito, al igual que la Semana Santa. Encarnamos en esos jugadores y camisetas nuestras vivencias, las cosas que sentimos, y hacemos una especie de ceremonia, que no por casualidad se hace los domingos, como las misas, en las que ponemos en escena todo lo que somos”.
En este libro vuelve a escribir de su país, porque venía contando sobre otros lugares.
“Sí, mis libros habían ocurrido en escenarios distintos, Tokio, París, Miami. He estado viajando mucho, quizá porque he sido padre, tengo la necesidad de recuperar mi historia para explicársela a mi hijo y eso tiene que ver con volver a Perú. También porque ya estoy más tranquilo en ciertos temas. Escribir temas políticos, polémicos, es excitante porque es desafiar al poder y a las versiones creadas, pero puede ser extenuante también, y llegó un momento en que yo necesitaba apartarme de los temas polémicos, probar nuevos horizontes en mi carrera y entonces estuve haciendo libros muy distintos. Ahora ya me siento cómodo y seguro diciendo que tengo una carrera en cualquier caso, que no tengo que hacer necesariamente temas políticos, pero eso no significa tampoco que tenga que dejarlos, lo que creo que voy a estar haciendo es yendo y viniendo”.
Además, porque a usted lo marcó el exilio de su papá. Le tocó vivir una realidad política...
“De hecho la historia de esta novela tiene que ver con las historias que yo escuché toda mi vida en casa, porque mis padres conocieron a gente que fue desaparecida, a algunos de los peruanos que fueron llevados a Jujuy. Crecimos en México rodeados de gente que venía de estos países, entonces esta historia también es mi historia. Al final yo siempre hablo de temas personales, míos. Cuando hablo de un tema político es porque también me afecta directamente. Si no tienes una conexión real con un tema, si no te importa de verdad y te molesta, no puedes escribir de él”.
Cuando estaba pequeño, una vez su papá y luego otra su mamá, le dijeron que ya estaba bien de leer tonterías y le dieron a elegir y le mostraron otras cosas. ¿Va a seguir el ejemplo con su hijo?
“No. Definitivamente yo no voy a ser tan obsesivo y de hecho creo que se corrieron el riesgo de que yo no hubiese leído nunca más, que es lo que pasa cuando le haces leer a un chico cosas demasiado avanzadas para él. Ellos eran grandes lectores y les importaba y les importa mucho la lectura. Yo con mi hijo trato de educarlo solo en el placer de la lectura. Lo que pasa es que tengo la teoría de que si él disfruta con leer, ya irá leyendo cosas más complicadas y disfrutará cada vez más con lo que la lectura le ofrezca, pero sobre todo creo que los niños leen cuando sus padres leen. Los padres generalmente quieren que los niños lean, pero ellos no leen. Si ellos ves que tú lees y que te entusiasmas con los libros, también lo van a hacer".
Usted lee de todo, desde lo popular hasta lo complejo. Eso le amplía el mundo...
“Por supuesto, y escribo de todo. No me gusta encontrar autores que a veces lees un libro de él y sientes que ya lo has leído y estás repitiendo las mismas cosas. Me gusta que cada novela sea una exploración diferente tanto cuando las escribo como cuando las leo. Además yo creo que vengo de una generación muy ecléctica, que creció con la televisión, con el cine, con la alta literatura, todo era válido. En mi casa además, como era muy violento Perú, vivías encerrado en tu casa, entonces solo había dos cosas, libros y tele. No había más y para mí ambas cosas eran indistintas. Yo a veces cuando eres escritor peruano te preguntas, quieres ser como Vargas Llosa, y en el fondo, sí, como Vargas Llosa y como Woody Allen y como García Márquez y como Martin Amis y todos en el mismo libro, de ser posible”.
A los colombianos les dicen que si les pesa mucho García Márquez por ser el Nobel, ¿qué tanto les pesa a ustedes Vargas Llosa?
"No, es decir, Vargas Llosa es parricida frustrado. Si tu quieres acabar con el padre Vargas Llosa, a ver qué haces, porque ha hecho novelas de humor, serias, políticas, eróticas. Ha hecho teatro, ha salido él al escenario, ha sido candidato a presidente, ha tenido programas de televisión, o sea que lo mejor es que te relajes y hagas tu vida. Además es lo que tendrías que hacer estuviese o no Vargas Llosa. Si siempre estás pensando en un autor y quieres ser él, solo vas a hacer un imitador. Lo verdaderamente difícil es saber lo que tú quieres, ser tu mismo y defender tu obra y tu sensibilidad".
Usted también hace cuentos, novelas, es periodista. También es polifacético...
“Sí, a mi me gusta mucho. No sirvo para otra cosa. En la universidad descubrí que yo no iba a ser ciencias de ninguna manera, soy un pésimo administrador, incluso de los gastos domésticos. Recién aprendí a los 38 a montar bicicleta y lo que hago yo es esto y lo que me gusta es estar haciéndolo, y para eso es necesario plantearse retos nuevos”.
¿Hay que ser polifacético para poder vivir de la literatura?
“No, depende. Hay autores que les interesa cultivar una identidad y una manera de ser y no les interesa hacer otras cosas. Al contrario, para poder vivir de la literatura es mejor ser muy repetitivo porque así el consumidor sabe muy bien lo que va a comprar. El mercado lo que te pide es que en la medida de lo posible no te pongas creativo y así nadie se va a llevar una decepción cuando lea tu libro”.
Pero usted no hace caso...
“Sí, yo soy profundamente terco (risas). Creo que la razón de hacer esto es tener libertad. Si quieres amoldarte a lo que pide el mercado y hacer lo que te piden, pues debes conseguir un trabajo normal, que es lo que hace todo el mundo. Si vas a correr todos los riegos como escritor, que no es fácil, como carrera, es para ser libre, y lo que más aprecio es tener máxima libertad. También me gustaría hacer cine, pero eres más libre en los libros que en nada. Si yo pongo en un guión un elefante de colores, el productor vendrá a decirme que no hay presupuesto, si yo pongo en mi libro un elefante de colores, se va a poner porque lo digo yo, no hay que comprarlo”.
Hace mucho entrevistó a Paul Theroux y le dijo que un hombre feliz no puede ser escritor, y uno a usted lo ve y siempre está sonriendo. ¿Entonces?
"Yo soy un contraejemplo (risas). Si eso es una regla, yo soy la excepción. He sido muy infeliz, muchas cosas han pasado en mi vida que no cuento, pero muy duras, en muchos sentidos, y entonces he aprendido a valorar ser feliz cuando lo tengo y a valorar mi felicidad sobre el éxito o el dinero. Estoy obligado a ser feliz, porque yo quería ser escritor y soy escritor. Lo lamento por Theroux".
Roncagliolo, su apellido, ¿verdad que es una leyenda?
“No es seguro, pero es posible. Circulaba en la familia la leyenda de que mi tatarabuelo Roncagliolo era contrabandista, de hecho era de Nazca, que está al sur de Lima y es una zona por la que entraba contrabando, y se puso este apellido impronunciable para que nadie pudiera escribirlo bien en los documentos, y lo ha logrado. Han pasado más de cien años y todavía nadie puede escribirlo bien en los documentos. Es muy difícil recordar, pero si llegas a acordarte de él, se vuelve muy difícil de olvidar”.
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