Aunque hace ya un año que murieron, las almas de las 43 personas que perdieron la vida en el kilómetro 80 de la vía Medellín-Quibdó el 3 de febrero del año pasado, aún no descansan en paz. Y no lo harán mientras la carretera que las aventó a la muerte siga en estado deplorable.
Así quedó consignado en el sentimiento general de las cerca de 300 personas que ayer al mediodía acudieron a una cita muy especial: la celebración de una misa por los difuntos en el propio sitio del accidente, el paraje Santana, a unos 18 kilómetros del casco urbano de Carmen del Atrato, lugar desde donde partió una de las dos caravanas con familiares y personas solidarias con esta tragedia, que dejó marcada para siempre a esta zona del Chocó, en límites con Antioquia. La otra salió de Quibdó con el mismo propósito: recordar a las víctimas y volver a llamar la atención del Estado para que cumpla sus promesas.
"Tal vez tu alma Cristian Patiño Vélez y las de todos los que murieron contigo descansen en paz, pero las de nosotros no lo harán hasta que tengamos una vía digna para las comunidades del Chocó", dijo a viva voz el padre Sterlin Londoño Palacios, quien presidió la ceremonia por las víctimas, un ritual en el que abundaron los mensajes de solidaridad, el llanto y la decisión unánime de seguir luchando porque el Gobierno cumpla con la promesa hecha en el momento del accidente de pavimentar esta carretera estrecha, muy quebrada e inestable, conocida en el país como "la vía de la muerte".
¡Recuerdos, tristezas!
¡Ay corazón cómo ardes cuando alguien se ausenta para siempre! Y así está el de Luz Ney Urrutia, una madre chocoana a quien todavía no le aparece el cuerpo de su sobrina Johanna Rentería, de 21 años, próxima a graduarse como profesional en la Universidad Tecnológica del Chocó y quien abordó el bus accidentado en Medellín luego de visitar a sus padres residentes en la capital paisa, pues ella vivía en Quibdó con sus abuelos.
"Fue muy triste, porque era una muchacha llena de vida, para su madre ha sido un impacto muy fuerte no poderle dar cristiana sepultura, desde eso está muy enferma, hasta le dio una trombosis", narró Luz Ney, quien agradeció la solidaridad recibida de muchas personas, pero exigió la pavimentación.
Al lugar también llegó Juan de Dios Balbín, quien milagrosamente sobrevivió luego de quedar encima del carro, que se encunetó en el río luego de rodar por un abismo de más de 30 metros.
Cargando a su pequeña hija de brazos y acompañado de su esposa y sus otros tres hijos, Juan recordó los instantes duros de la tragedia.
"Yo creo que fue cosa de Dios, yo caí al charco y logré subirme a la carrocería del bus, que quedó encunetado, ahí me sostuve hasta el otro día a las 3:00 de la tarde, cuando me rescataron, uno no olvida eso, pero no tengo ningún trauma", dice este aserrador que había abordado el bus en el sitio El 7, quien para fortuna sólo sufrió fracturas en una mano.
Para Francisco Cossio Mosquera ha sido más duro sobreponerse a la desgracia, sucedida a la medianoche del 3 de febrero de 2009, cuando el bus de placas SYK 860 de Rápido Ochoa, por esquivar un barranco, cayó en reversa por un abismo dejando un saldo de 43 personas muertas y 10 heridas, según las cifras del alcalde de Carmen del Atrato, Rafael Fernando Montoya.
Francisco lleva una camiseta con las fotos de las tres personas de su familia que le dejaron el alma desecha luego de que perdieran la vida en el accidente: su hija Kency Johanna, de 21 años, y sus sobrinos Jaiver y Leiner, este último aún desaparecido.
"Mi hija estaba estudiando Trabajo Social en la Universidad Tecnológica del Chocó, apenas empezaba a vivir, por eso duele tanto. Creo que en honor a ella y las demás víctimas, ya debían haber pavimentado la carretera, pero no, sigue muy mala...".
Fue lo que dijeron todos los presentes en esta ceremonia, matizada por cantos, carteles con mensajes solidarios, ofrendas florales y aplausos para un clamor y una propuesta: que de inmediato se pavimenten los 98 kilómetros que separan al Carmen de Quibdó (una trocha mortal que trae ruina, dolor y muertes) y que en el sitio del accidente se levante un monumento con las imágenes de todas las víctimas y desaparecidos.
Esta última la hizo Miguel Palacio Mosquera, quien tocó con su trompeta las notas más tristes de la ceremonia, que se inició a las 12:30 y culminó a las 2:00 p.m.
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