Sobre su cama, un letrero escrito a mano indica su nombre: Esteffany Restrepo. Tiene 21 años, es de piel muy blanca, ojos grandes, castaños claro. Un gesto de sueño se deja ver en su cara. Su abdomen abultado demuestra un embarazo avanzado.
En la puerta Abda Luz Osorio, una menuda y entradora estudiante de bibliotecología saluda fuerte con una sonrisa. Es de mañana, un poco más de las 10:00 a.m, en la Clínica Universitaria Bolivariana.
Con una chocolatina entre manos que le entrega a la paciente, desafía la dieta del hospital. De su mochila saca tres libros pequeños, elegidos con premeditación: algo que hable de familia, quizás de niños; que no remita a muerte o enfermedad.
Son 15 minutos, para no cansar a las maternas, algunas de ellas, internadas en la clínica por períodos largos. Estefanny lleva un poco más de dos meses.
Ya no llora tanto, luego de que le hicieran una seria operación -que amenazaba la vida de su pequeño hijo, Tomás, y la suya- de la que salió bien. Sin embargo, la presión alta, una condición de riesgo, impide que le den de alta.
"Elijamos al azar", recomienda Esteffany. Entonces, la opción es Martes con mi viejo profesor, de Mitch Albom. A veces el mareo no la deja concentrar, pero agradece la amabilidad de Abda Luz, y se dispone a sentarse en su cama y a escuchar.
De pronto, los pequeños gestos que hace Abda Luz con sus ojos o su boca, cuando la mira o sube el tono de voz, logran que el relato cobre fuerza.
Las lecturas me ayudan a "no siempre pensar que estoy enferma", dice Estefanny. Una distracción que para ella es una cita que se espera, pero que para otras pacientes es una visita inesperada.
Tres habitaciones más adelante, Abda Luz irrumpe en otra habitación donde se halla Erika. Está con su bebe en brazos y acepta.
Esta vez es la historia de Leopoldo, un gato creado en la imaginación de Ema Wolf. Cuando le indaga qué le pareció la historia responde con un monosílabo y entonces le pregunta si le gusta leer: "no mucho".
En vez de producirse un silencio tenso, Abda Luz maneja la situación con calma y dice: "A los bebés les gusta que les lean en voz alta, es también una manera de mimarlos".
Precisa que con ello aprenden cosas juntos. "Si le va a seguir leyéndole al bebé?, le pregunta a Claudia, otra madre que revisa su pequeño bebé en la incubadora.
Ellas, mientras tanto, escuchan y con ello pasan las largas horas en el hospital. Distracción e historias que atrapan. Abda Luz es una convencida de que en sus relatos hay sosiego y cura.
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