Cuentan los viajeros que acudir al José María Córdova en esta época invernal es entrar a un absurdo y deprimente terminal aéreo, pues la gente se moja más adentro.
Varias veces se ha inundado el aeropuerto y hasta 40 canecas contó alguno de ellos, utilizadas para contener las goteras, luego de la instalación del nuevo domo.
No sólo es el tema de las goteras, que con los fuertes aguaceros de La Niña se convierten en chorros, sino el malestar por la clausura de los muelles que, además del extenso recorrido, obligan a usar paraguas para el desembarque o el abordaje.
Las críticas le llueven al consorcio colombo chino AirPlan y a la Interventoría de la Aeronáutica Civil, pero parece que llegan a oídos sordos.
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