No traga entero. Es artista y reina a la vez, el centro de las miradas por su liderazgo. Tiene un hermano con problemas en un ojo que por fortuna comenzó a recibir subsidio educativo y un papá que trabaja cuando puede, aunque de salud tampoco anda bien.
Sus palabras denotan desasosiego. Nadie, dice, les presta atención al sector rural ni a sus jóvenes: allí también hay muchos valores, cree.
Leidy Johanna Arroyave Ríos, de 10°, estudia en la Institución Educativa Piedra Verde, entre La Tolva y Fredonia, con Jonathan Mejía, de octavo.
Las preguntas que formularon el año pasado en el concurso Historia Hoy con el que el Ministerio de Educación seleccionó entre todos los estudiantes de Colombia 200 preguntas para ser respondidas para el bicentenario de la independencia, fueron dos de las elegidas, un logro que muy pocas instituciones tuvieron.
El premio: un portátil para cada uno, que un año después no llega. Esto los tiene desanimados.
Leidy vive en el Uvital, Jonathan en el Alto de los Fernández, donde un computador no es común.
Que la institución hubiese tenido dos preguntas escogidas entre los miles de colegios públicos del país y las decenas de miles de estudiantes que participaron, los enorgullece. Y a Duberney Atehortúa, su profesor de Ciencias Sociales, que los animó a todos a enviar sus inquietudes "porque es bueno participar en los concursos y porque es una bonita oportunidad de contar la historia desde lo propio".
Piedra Gorda es una vereda a mitad de camino en una carretera destapada por la que casi no caben dos carros en sentido contrario. Son pocas las casas hacia el costado oriental; por el otro el abismo impide asomos cercanos de habitantes. Por eso están estrechos.
"Tuvimos que juntar en un aula octavo y noveno", comenta Ariel Algarín Enamorado, rector. Y otro recibe clases en el aula múltiple. A la falta de terrenos para crecer se suma la carencia de voluntad administrativa para sortear las dificultades.
El ambiente es sano y se palpa la espontaneidad de los 187 niños y jóvenes del plantel que cuenta con nueve educadores. De resto, se parece a cualquiera de las muchas instituciones regadas por los campos de Antioquia: requiere pintura, material didáctico, libros para su biblioteca y capacitación para sus docentes.
Sin preparación alguna, Leidy pinta. Ha vendido algunos cuadros para ayudarles a sus papás, quiere salir adelante y cumplir muchos sueños, aunque no tiene claro cómo.
Jonathan es uno de siete hijos. La pregunta que formuló la pulió luego de que un amigo le insinuara el tema de la comida. Leidy se muestra interesada en el arte y sobre eso preguntó.
¿Será que por vivir en una zona alejada no nos entregan el premio?, se preguntan. "Yo sí estoy muy ansioso por recibirlo", enfatiza él.
Cerca de la entrada, una profesora y varios alumnos cortan y pegan adornos. El martes comienza la Semana Cultural y quieren engalanar la sede de dos plantas. A 500 metros está la primaria, que también vivirá su fiesta.
En medio de las carencias de institución y comunidad, haber tenido dos preguntas entre las 200 es un orgullo. Eso ha infundido ánimo, aunque al final de cuentas pocos se acuerden de los habitantes de las zonas rurales.
Al menos, hacen historia.
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