El propio Registrador Nacional del Estado Civil, Carlos Ariel Sánchez, ha reconocido que en las elecciones del pasado domingo una de las fallas del sistema estuvo en la demora de los jurados para interpretar las tarjetas de votación y para contar los mismos sufragios.
A estas alturas hasta el mismo Gobierno ha reconocido que ni los electores ni los jurados la tenían fácil, pues se enfrentaban a unos gordos tarjetones que era preciso estudiar bien con anterioridad.
Adolfo Rafael Fernández Laguna, delegado para Antioquia de la Registraduría, afirma que los jurados fueron debidamente capacitados. Un poco más de 7 de cada 10 lo hicieron en forma presencial. El resto lo hizo a través de las páginas de internet, pero no hay forma de certificar que así haya sido. Le tranquilizaba, además, que muchos habían participado en otros procesos electorales. Esa experiencia ayudaba, pero no era suficiente, por sí sola, para encarar una jornada con elección de Senado, Cámara de Representantes, Parlamento Andino y dos consultas partidistas.
Prueba de ello son los e-mail que siguen llegando de lectores que oficiaron como jurados. Hasta de "pesadilla" califican el día de elecciones.
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