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Medellín ingresó en la moda de arrendar amoblados

06 de febrero de 2010
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Steven Bean es un trotamundo. El hombre raya los 60 años, es cálido en el trato y como experto en vinos ha conocido las capitales de los grandes países. Representa a unas 40 casas vinícolas de Italia, España y Francia. Es la segunda vez que visita a Medellín. Está feliz, alojado en los 124 metros cuadrados de un lujoso apartamento en El Poblado, cuya tarifa oscila entre 220.000 y 300.000 pesos por noche.

Al norteamericano le parece barato. Argumenta que en un país del Caribe disfrutar de algo semejante le valdría hasta un millón de pesos diarios. Andrew Campion es el dueño de esta propiedad, que vale 350 millones de pesos, y a la que amobló con 30 millones de pesos para alquilarla por noches, semanas o meses.

Campion es australiano. Mochiliando cruzó durante tres años diversas fronteras. Hace cuatro llegó a Medellín. Se quedó y probó suerte alquilando apartamentos amoblados que promocionaba por internet. El éxito le sonrió. Hoy renta 20, de los cuales dos son propios y otros ocho de dueños extranjeros. Sus clientes son de alto perfil, la mayoría foráneos, hombres de 28 a 40 años, que vienen por negocios, a hacerse cirugías o a gozarse la ciudad. Lo más exclusivo que ofrece es un penthouse, con tres habitaciones, de 400.000 pesos por noche.

Por regla general, en el pasado este tipo de apartahoteles estaba en el clóset. Los del australiano son de conocimiento público. Se les ubica en internet, bajo el nombre de The Apartment Medellín, junto con otras 83 firmas que le disputan su tajada del pastel.

En ese menú está Amoblados Medellín, de Martha Cecilia Hoyos Londoño, quien lleva cinco años en esta actividad. La asesora su esposo, Édgar Corrales Restrepo, inmobiliario de gran tradición en la ciudad y miembro del selecto gremio de la finca raíz.

Los apartamentos que ella alquila son de la familia, nada de terceros, y todos en el exclusivo sector de El Poblado. Tiene clientes empresariales, que buscan economía al acomodar a consultores que deben permanecer en la ciudad varios meses. También le llegan inversionistas, familias, de cinco a seis personas, y parejas extranjeras que adoptan 2, 4 y 5 niños, y que pasan un mes y medio en período de adaptación hogareña. Las tarifas varían de acuerdo con el número de huéspedes, pero oscila entre 100.000 pesos noche por un apartaestudio y 180.000 pesos por un apartamento de tres alcobas. La mitad se paga al reservar y el resto al recibir las llaves.

El negocio es lucrativo. Alberto Gómez Carvajal, asesor de Colombian Realty, revela que un amoblado genera tres veces más ingresos que un apartamento que se alquila vacío. La propiedad más costosa para arriendo es una casa, de 5,5 millones de pesos mensuales, y la más módica es un apartaestudio de 1,4 millones. El 50 por ciento se recibe al hacer la reserva y el resto dos días antes de tomar el bien. Como aquí no hay estudios previos, la firma se asegura pidiendo un depósito, reembolsable, de 500.000 pesos.

¿Le suena en algo a negocio inmobiliario? No es casualidad que Colombia For Rent se haya convertido en la primera firma especializada en arriendo de amoblados que entró a la Lonja de Propiedad Raíz de Medellín y Antioquia. Es la única, por ahora, confirma el gerente del gremio, Federico Estrada García.

La gerente de Colombia For Rent, María Helena Ortegón Pérez, aprendió este negocio en España. El suyo nació aquí, hace cuatro años, en la legalidad. Posee Registro Nacional de Turismo, paga impuestos y genera cuatro empleos directos. Ahora trata de formalizar a muchos otros, a través de la Asociación Colombiana de Viviendas Turísticas (Acovitur). De diez socios que la crearon, ocho son de Medellín. Cada uno maneja, en promedio, 20 apartamentos. En su caso son 100, situados en El Poblado, con precios máximos de 270.000 pesos por noche.

En Acovitur, que comienza a tocar el corazón de los congresistas y del Gobierno, está la reina del parque: Amoblados Diana Restrepo. Ella ingresó al negocio espontáneamente, al arrendarle su casa por tres meses a una abogada de Bogotá. Durante ese tiempo se fue para Estados Unidos. Volvió en medio de la orgía de terror que vivía Medellín, a finales de la década de los 80. Varias familias se iban del país y le confiaban sus propiedades. Arrancó con cinco. Ahora su segunda generación, representada por su hijo, Santiago Roldán Restrepo, maneja 280 amoblados, de los cuales 28 son propiedad de extranjeros.

Roldán Restrepo enfatiza que esta empresa opera con todas las de la ley. Sus tarifas van de 80.000 a 400.000 pesos por noche y el 80 por ciento de los inmuebles son de estrato 6. Le apuesta fuerte a los clientes empresariales. Uno solo de ellos le rentó 90 apartamentos a lo largo de un año.

Ejemplos como estos, y particularmente el de Colombia For Rent, llevan a la subsecretaria de Turismo de Medellín, Carolina Laverde, a considerar que "el término parahotelería es una palabra brutal", que espanta la inversión extranjera. En su opinión, este tipo de alojamientos estimula el turismo familiar. Por razones como esas, su consejo para los hoteleros tradicionales es que revisen sus tarifas y se conecten más con los programas que promueve la Alcaldía.

De bulto se nota que la llamada "parahotelería" se consolida como actividad empresarial. ¿Será realista frenar su expansión, sabiendo que es una tendencia mundial? ¿Pararla por decreto obligaría a Steven Bean a hospedarse en un hotel? Quién sabe. Sobre todo porque el míster dice que pasará en el lujoso apartamento amoblado 17 noches, pues se siente cómodo, seguro y con oficina. Mejor dicho, como en casa.

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