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MI PERSONAJE INOLVIDABLE

  • Samuel Arango M. | Samuel Arango M.
    Samuel Arango M. | Samuel Arango M.
05 de febrero de 2012
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Con motivo de los 100 años de EL COLOMBIANO he pensado cómo rendirle un sentido homenaje personal a esta escuela del periodismo colombiano y se me ocurrieron muchas ideas.

Pero quiero aprovechar y robarme el título de la revista Selecciones : "Mi personaje inolvidable" y dejar salir un tema que siempre he deseado tratar, porque es justo y equitativo. Mi personaje inolvidable en mi experiencia con el periódico es, sin duda, Fernando Gómez Martínez. Tuve la fortuna de conocerlo desde que yo era muy pequeño. Lo viví primero en el campo personal y familiar y descubrí desde siempre que era un hombre excepcional. Yo lo veía como un fuera de serie, visión que nunca cambió. Inteligente, culto, moderado, justo, sencillo, apasionado sin extremos, con buen sentido del humor, a pesar de su seriedad. Conviví con él muchísimos momentos y siempre fue para mí un maestro de la vida.

Templanza, honestidad, ética, caridad. Trataba con igual respeto al Presidente de la República, que solía ser su amigo, y al mayordomo de toda la vida, Abraham.

Nunca le escuché un grito. Hablaba de último y sus frases eran de resumen, de conclusión, de entendimiento. Era un defensor de la paz, porque por dentro la llevaba. Ayudaba a muchas personas y entidades en secreto, su mano derecha no sabía lo que hacía la izquierda. Su espiritualidad era profunda y arraigada. Practicaba el cristianismo sin fanatismos y dedicaba muchos momentos para hablar con Dios. Amaba a la Virgen y lo demostraba, especialmente a La Chinca. No le daba pena confesar y practicar su creencia en Dios. Con el pasar de los años, mi contacto con mi personaje inolvidable fue también profesional. Trabajé con él y nuevamente lo percibí como mi maestro en el periodismo. A él acudía a pedirle consejo y siempre salía satisfecho y tranquilo. Una vez me dijo: si tiene dudas, no lo diga. Un sabio.

En la pared de su oficina siempre estuvo colgado en letras grandes un mensaje de otro periodista de reconocimiento mundial Pulitzer: "No digas como periodista lo que no dirías como caballero". Era un hombre culto. Lector incansable, cultivó el arte de la pintura. Desarrolló su pensamiento y su espíritu. Pintaba especialmente paisajes del Oriente antioqueño. Así se relajaba, así se distraía. El contacto con la naturaleza era su inspiración, como sucede con los grandes hombres. En el ocaso de su vida, una vez entregadas las riendas de las obligaciones, esperó la muerte con la tranquilidad y la mesura del hombre sabio que no le teme ni a la vida ni a la muerte. Amigo de sus amigos y aunque no tuvo enemigos sí fue víctima de la maldad humana, pero él estaba por encima. A la ofensa respondía con templanza, a la calumnia, con la verdad. Ministro, embajador, jardinero. Fernando Gómez Martínez, mi personaje inolvidable en EL COLOMBIANO, aún está conmigo.

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