Aunque en algún momento había dicho que no volvería al género de la novela porque no tenía más que contar en ellas, tanto sus lectores como sus detractores sentían que Fernando Vallejo retornaría, para seguir hablando de Colombia, la iglesia, el sexo, el pasado, el idioma, la vejez. Todo siempre enmarcado dentro de la muerte, tema presente en toda su obra narrativa.
Así lo hizo, aclarando que seguirá escribiendo, hasta que la muerte termine de llegar, pues según Vallejo, desde hace tiempo convive con ella, y en El don de la vida se sienta junto a ella en una banda de un parque de Medellín para hablar entre compadres, haciendo un balance sobre la libretica donde anota los nombres de los muertos.
Es difícil entrevistarlo. Usualmente las acepta vía correo electrónico. Quizá como una forma de protegerse, de evitar ser tergiversado, o tal vez para poder ser estricto en el lenguaje, corto pero contundente, con unas respuestas que en una lectura rápida pueden llegar a estar sólo cargadas de ironía y burla, pero cuando se les da una segunda lectura, con los espacios necesarios de análisis entre respuesta y respuesta, su profundidad cada vez es más visible y visceral. En estos días se publica esta novela en Colombia, y esta semana viene a Medellín para su presentación.
¿Cómo surgió El don de la vida?
"Lo que primero se me viene a la cabeza es un título que designa un tema. Luego el tema me empieza a dar vueltas y vueltas durante años hasta que por fin, sin saber por qué, un día cualquiera empiezo a escribir. Entonces todas mis confusiones se aclaran y el libro fluye sin obstáculos".
¿Le costó volver a emprender un proyecto como El don de la vida?
"Sí. Por lo bajito tres años y medio. Incluso más pues el título y el tema ya los tenía desde antes de que me metiera en la investigación para La puta de Babilonia . Tenía el título, El don de la vida , y tenía el tema: la bendición de la Muerte. Mi problema era encontrar la forma de decir en primera persona, que es como he escrito siempre, 'ya me morí'".
¿Cómo fue la elección a la hora de iniciar un camino en la narración contando ahora con las dos voces que van interactuando en El don de la vida?
"No tengo ni idea de cómo me surgen tantas maldades y complicaciones en la cabeza. Será por pertenecer a esta especie infame y mentirosa del Homo sapiens".
Se dice que será su último libro, ¿es verdad? ¿Por qué?
"No, no es verdad. Voy a seguir escribiendo libros, pero eso sí, sobre un único tema: el mismo de Entre fantasmas, La Rambla paralelay El don de la vida , o sea mi muerte".
A través de la narración el lector se va encontrando referencias de sus anteriores libros, se siente como un balance al final de una etapa, ¿Es así en Fernando Vallejo?
"Me refiero a libros míos anteriores en los nuevos por joder. O mejor dicho no, no es por joder: es por hacerles propaganda y que los compren".
Estoy prácticamente muerto
¿Por qué reflexionar tanto sobre la muerte en este momento?
"Por la sencilla razón de que estoy prácticamente muerto. No me falta sino un empujoncito, que en cualquier momento me dan en esa ciudad inefable mía de Medellín".
¿Qué es la muerte para usted?
"La bendición de Dios, que es malo".
La libreta donde apunta los muertos ¿existe? Y de existir? ¿La sigue nutriendo con nuevos nombres? ¿Cuál fue el último?
"Sí existe y cuando me muera (o sea cuando me acabe de morir) la van a rematar en Sotheby's por una millonada. Acabo de poner en ella, con gran dolor pero con gran placer, a dos muertos nuevos, recientes, fresquecitos, a Jaime "Erre" Echavarría y a Óscar Hoyos, porque los conocí. Cinco muerticos más y llego a setecientos y listo, me puedo morir tranquilo. Pero no invito a nadie a mi entierro porque no va a haber. Ni cremación. En mi casa tienen instrucciones precisas de volarme en el patio con un par de tacos de dinamita".
Memoria, olvido y muerte son elementos recurrentes en El don de la vida? ¿Qué tan importantes son para Fernando Vallejo?
"Mucho, pero no son tres sino uno: el olvido borra la memoria y la última muerte es el olvido. Muerto que se olvida no existió".
¿Qué le viene a la mente cuando piensa en Medellín? Tanto el Medellín de los recuerdos como el actual.
"Medellín es un desastre. El de mi niñez, el de hoy y el de siempre. No tiene remedio por más vueltas que dé el mundo".
Lejos de los best seller
En uno de los apartes del libro, el narrador le dice a un jovencito que está escribiendo un best seller, ¿Qué opina Vallejo de los best seller?
"Lo del best seller lo digo por ironía pues no los escribo. Sé cómo hacerlos pero no me interesan. No nací para conseguir dinero. Soy pobre irredento".
En sociedades que suelen ser poco tolerantes, ¿es peligroso hablar abiertamente de conceptos como pederastia?
"En Colombia todo es peligroso: salir, no salir, quedarse en casa; viajar en bus, en taxi, en carro, en moto; cruzar una calle, no cruzarla; sacar plata del banco, ir a pie? ¡Pero qué dicha! De aburrimiento aquí no se muere nadie. Este mataderito es muy hermoso. ¿Cuál fue el cuento ese de que renuncié a él?
¡Quién renuncia al paraíso!".
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