El asesinato de un niño de diez años el jueves pasado, en la comuna 13, nos deja a todos atónitos y tristes. Pero en particular porque el homicida se permitió amarrar al menor a un poste, para luego propinarle dos disparos en la cabeza. ¡Por Dios!
Estos hechos les dan argumentos a quienes piden cadena perpetua y pena de muerte para quienes cometen tan aterradores abusos contra la infancia.
Hay que decir, por lo pronto, que estos actos nos disminuyen como sociedad, nos roban mucho de la civilidad que hemos construido.
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