Las constantes incursiones de barcos pesqueros extranjeros en la reserva natural de Malpelo, santuario de decenas de especies marinas, entre ellas los tiburones, nos dejan perplejos. Se advierte un descuido monumental de las fronteras y de la soberanía colombiana, violadas por inescrupulosos cazadores que "aletean" a los escualos y luego los lanzan a hundirse en el mar.
El "aleteo" es una práctica infame: atrapan a los tiburones, los despojan de sus aletas y de su capacidad natatoria. Los animales mueren ahogados mientras se hunden como troncos. Los miembros mutilados abastecen el mercado asiático, donde se consideran afrodisiacos y alcanzan un cuantioso valor. Lo grave es que sigan llegando embarcaciones a saquearnos, sin que haya freno a tal daño ambiental.
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