¡Pobre Hugo Chávez! Tras contemplar las primeras medidas tomadas por el presidente estadounidense Barack Obama, el líder populista venezolano y sus discípulos en Latinoamérica deben estar pensando: "Contra (George W.) Bush estábamos mejor''.
En sus primeros días en la Presidencia, Obama ordenó el cierre de la prisión de la base naval de Guantánamo, Cuba, en el término de un año, firmó un decreto que prohíbe torturar a los prisioneros de Estados Unidos en cualquier parte del mundo, abrió los registros de la Casa Blanca para hacer su Gobierno más transparente, y reiteró el mensaje de su discurso inaugural dirigido a los demagogos antiestadounidenses, de que "sus pueblos los juzgarán por lo que sean capaces de construir, no por lo que destruyan''.
Al revertir algunas de las políticas de Bush que más alentaron el sentimiento antiestadounidense en el mundo entero, Obama ha empezado a moverle el piso a Chávez y a otros aspirantes a presidentes vitalicios que han construido sus carreras políticas culpando a Estados Unidos por el atraso de sus países.
Obama ganó el primer round. Los ha puesto a la defensiva. De repente, les resulta difícil recitar su cartilla de improperios contra un presidente joven, afroamericano, que con frecuencia tiene índices de aprobación más altos en sus propios países que ellos.
Hasta el dictador cubano Fidel Castro -el máximo maestro del arte de usar a Estados Unidos como chivo expiatorio de las falencias de su país- trata a Obama con guantes de seda.
Ahora bien, si Obama quiere renovar el liderazgo de Estados Unidos en las Américas, debería adoptar las siguientes medidas:
Proponer la inclusión de Brasil y México en el "Grupo de los 8''. Anunciar la designación de un Enviado Especial a las Américas, que tenga acceso directo a Obama. Tomar medidas que permitan a los estadounidenses usar sus seguros de salud en hospitales del extranjero.
Y pedirle al Congreso la aprobación de acuerdos de libre comercio con Colombia y Panamá. Obama se opuso al acuerdo con Colombia durante la campaña, pero ahora podría firmar algunos acuerdos laterales y respaldarlos activamente.
Mi opinión: Obama podrá exigir que los líderes extranjeros sean juzgados por lo que construyan -y no por lo que traten de culpar a Washington- si sigue siendo visto en el resto del mundo como un líder bien intencionado, y creíble.
A juzgar por sus primeros días en la Casa Blanca, empezó muy bien.
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