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Operación que no fue “jaque”

  • Iván Echeverri Valencia |
    Iván Echeverri Valencia |
05 de mayo de 2010
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Hace siete años recibimos la terrible noticia del asesinato de los líderes de la noviolencia, Guillermo Gaviria Correa y Gilberto Echeverri Mejía, Gobernador y Asesor de Paz en ejercicio de nuestro departamento, y de ocho miembros del Ejército Nacional, a manos de integrantes de las Farc en hechos ocurridos en el corregimiento de la Encarnación del municipio de Urrao, un año largo después de haber sido secuestrados en medio de una marcha de solidaridad con el municipio de Caicedo, asediado en ese entonces por los desmanes de los grupos guerrilleros y paramilitares.

El ingeniero eléctrico de la Pontificia Universidad Bolivariana, Gilberto Echeverri Mejía, fue un político liberal con gran talante social, ocupó importantes cargos, tanto en el sector privado como en el público, caracterizándose por su gran capacidad de trabajo y transparencia; hombre serio y exigente al momento de tomar las decisiones, pero con un gran carisma y paternal trato hacia quienes fuimos sus subalternos y compañeros, que lo recordaremos siempre con mucho respeto y cariño por sus calidades de líder y jefe.

Precisamente la violencia, los secuestrados, el desplazamiento y las víctimas del conflicto en Colombia fueron los temas que más le concitaron su interés y permanente preocupación, por los cuales trabajó sin descanso desde sus cargos de Gobernador y de Asesor de Paz de Antioquia, así como desde el de Ministro de Defensa, en el cual apoyó la creación y aprobación de la Ley 418 o de Orden Público que posibilitaba el diálogo del gobierno con representantes de agrupaciones armadas al margen de la ley y fortaleció las oficinas de derechos humanos en todas las guarniciones militares.

Guillermo Gaviria Correa, una vez obtuvo su grado y especialización como ingeniero de Minas de la Colorado School of Mines en Estados Unidos, regresó al país y emprendió una exitosa e intensa carrera en el sector público, que fue suficiente para catalogarlo por un organismo internacional como uno de los líderes de mayor proyección en el continente americano.

Cuando asumió el cargo como Gobernador de Antioquia en el año 2001, y debo recordarlo porque la memoria nos falla, lo hizo en complejas condiciones administrativas, fiscales y de orden público que, según opiniones de expertos de ese entonces, tenían al departamento al borde de la debacle; por lo que debió iniciar un proceso de recuperación moral de la administración departamental, de saneamiento de las finanzas públicas y sobre todo de captación de la confianza ciudadana hacia sus gobernantes; para ello demostró su talante de líder, su transparencia y compromiso, y desprovisto de toda práctica politiquera como lo exigían las circunstancias, no sólo consiguió superar la crisis, fortalecer nuestro departamento y facilitar la gestión de sus sucesores, sino implementar y legar a los antioqueños los beneficios de los programas bandera de “Una Antioquia nueva” que aún subsisten con gran cubrimiento social y reconocimiento nacional e internacional como: “Maná”, “Viva”, “Ria”, la transformación de la educación, el ejercicio de las funciones públicas bajo estándares de calidad y la rendición de cuentas; despachos como el de Productividad y Competitividad, la Consejería para la Paz, el de Negritudes y de Equidad de Género, etc.

La marcha al municipio de Caicedo persistirá en nuestra memoria por la manera como fue organizada y por sus objetivos altruistas y pacifistas, por la amplia convocatoria que permitió la participación de personas de todos los estratos sociales que, hastiados de tanta violencia, propugnaban por otros métodos para lograr la libertad y la paz, pero, la intransigencia de una guerrilla ciega y sorda echó por la borda lo que pudo constituirse en el principio de un camino conducente a la armonía por vías distintas a la guerra.

El secuestro, que fue un error político de la guerrilla y el desafortunado y temerario operativo de rescate que no fue “jaque” por parte de nuestras fuerzas armadas, le brindaron la oportunidad a las Farc para que a sangre fría asesinaran a estos hombres que murieron convencidos de la viabilidad de su propuesta política basada en la justicia social, el diálogo, la solidaridad, la transparencia y la noviolencia como únicos medios para la consecución de la paz.

Guillermo y Gilberto, pioneros de la noviolencia, ofrendaron su vida generosamente y no en vano, porque llegaron con su sacrificio a disfrutar de la paz de Dios, y porque las semillas e ideas de reconciliación y de convivencia pacífica, sembradas por ellos, siguen vigentes y lograrán en poco tiempo germinar en los corazones de todos los colombianos.

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